El tatuaje
Subiré por tu espalda, siguiendo ese tatuaje,
como un faro en la orilla, de toda tu hermosura.
Quizás ni me dé cuenta y estando ya de viaje
me enrede un tiempo el mimbre, que guarda tu cintura.
como un faro en la orilla, de toda tu hermosura.
Quizás ni me dé cuenta y estando ya de viaje
me enrede un tiempo el mimbre, que guarda tu cintura.
Acaso sea el principio, de tan ansiado viaje
a tu cielo de jazmín, desde mi noche oscura.
Una alforja de besos, llevaré de equipaje
y mi sed de caminos, para beberte pura.
a tu cielo de jazmín, desde mi noche oscura.
Una alforja de besos, llevaré de equipaje
y mi sed de caminos, para beberte pura.
Hurgaré por tu cuello, buscando en tu ropaje
de mujer entregada, de angelical ternura.
Reposaré mis labios, como un amerizaje,
en el mar de tus pechos, bebiendo tu dulzura.
de mujer entregada, de angelical ternura.
Reposaré mis labios, como un amerizaje,
en el mar de tus pechos, bebiendo tu dulzura.
Y llegaré a ese punto, con todo mi bagaje
de versos, de caricias, de amante que perdura.
Seré ya un bucanero, lanzado al abordaje
y no habrá ruego que pare, ya toda mi bravura.
de versos, de caricias, de amante que perdura.
Seré ya un bucanero, lanzado al abordaje
y no habrá ruego que pare, ya toda mi bravura.
Y luego, cuando se calme, mi ímpetu salvaje
seas hablándome, mi inspiración futura
Quieto, ya vuelto en mí, te besaré el tatuaje
que ha de llevar tu cuerpo por toda vestidura.
seas hablándome, mi inspiración futura
Quieto, ya vuelto en mí, te besaré el tatuaje
que ha de llevar tu cuerpo por toda vestidura.
Marino Fabianesi
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