iadra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Al dar la vuelta para tomar la calle de siempre,
me doy cuenta que olvidé echar al bolso de nuevo
mis ojos de repuesto, los que ya te olvidaron.
Estos que traigo puestos te ven en cada puerta,
en los resquicios de los bares, en los fondos de las botellas.
Están dañados ya de tanto haberte contemplado
contrapuesto al sol, reflejado en lagunas
mentales, y los cristales donde grababas tu lengua.
No sé si regresar a casa por ellos, pueden causarme
alguna confusión, o ver lo que no quieren
entrando otra vez al parque del árbol rojo donde
nos sentábamos a oler la tarde, a bebernos los labios,
a confiscar las horas que podíamos estrujar alma y cuerpo,
olvidando todo de lo que ahora me acuerdo.
Además, este par de ojos tienen una memoria prodigiosa,
hasta se saben las líneas de tu piel cuando doblabas
los músculos en torsión de placer,
cada uno de los nombres de tus cabellos.
Mejor, si regreso a casa, a cambiarlos,
tan defectuosos están, que tienen fuga de nuevo.
me doy cuenta que olvidé echar al bolso de nuevo
mis ojos de repuesto, los que ya te olvidaron.
Estos que traigo puestos te ven en cada puerta,
en los resquicios de los bares, en los fondos de las botellas.
Están dañados ya de tanto haberte contemplado
contrapuesto al sol, reflejado en lagunas
mentales, y los cristales donde grababas tu lengua.
No sé si regresar a casa por ellos, pueden causarme
alguna confusión, o ver lo que no quieren
entrando otra vez al parque del árbol rojo donde
nos sentábamos a oler la tarde, a bebernos los labios,
a confiscar las horas que podíamos estrujar alma y cuerpo,
olvidando todo de lo que ahora me acuerdo.
Además, este par de ojos tienen una memoria prodigiosa,
hasta se saben las líneas de tu piel cuando doblabas
los músculos en torsión de placer,
cada uno de los nombres de tus cabellos.
Mejor, si regreso a casa, a cambiarlos,
tan defectuosos están, que tienen fuga de nuevo.
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