Un día, mientras yo escribía,
alguien medijo:
¡Todos los poetas sois unos necios!
¿Por qué? -pregunté-
y él continuó:
-No cambiaréis el mundo con palabras,
ni con buenos propócitos que
no trascienden más allá del concepto.
Aquel que tanto habló...
al final se dió cuenta
y nos mostró el ejemplo;
pues, pasando a la acción
con látigo en la diestra
a la chusma ruin echó del templo.
Días antes, junto al mar de Galilea,
y siendo su palabra el alimento,
mitigaría el hambre de sus fieles
con otro más biológico sustento.
También en Caná,
y siendo su presencia la alegría;
que el vino, es esencial en una fiesta,
Aquel que tanto habló...
con una nueva acción
demostraría.-
Hoy me pregunto
¿Quién así pudo hablarme,
si yo aquel día me encontraba allí
sólo con mis asuntos...?
Recaredo
alguien medijo:
¡Todos los poetas sois unos necios!
¿Por qué? -pregunté-
y él continuó:
-No cambiaréis el mundo con palabras,
ni con buenos propócitos que
no trascienden más allá del concepto.
Aquel que tanto habló...
al final se dió cuenta
y nos mostró el ejemplo;
pues, pasando a la acción
con látigo en la diestra
a la chusma ruin echó del templo.
Días antes, junto al mar de Galilea,
y siendo su palabra el alimento,
mitigaría el hambre de sus fieles
con otro más biológico sustento.
También en Caná,
y siendo su presencia la alegría;
que el vino, es esencial en una fiesta,
Aquel que tanto habló...
con una nueva acción
demostraría.-
Hoy me pregunto
¿Quién así pudo hablarme,
si yo aquel día me encontraba allí
sólo con mis asuntos...?
Recaredo