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Invisible como el latido azul,
que finge el bombear de la sangre,
¿si tú no estás?, si tú no estas...
Invisible como la lágrima que recorre
mi piel almendrada por el otoño
el de ese adiós que no quiero ser,
que me agoto para detener.
Invisible como la fuerza gravitatoria
que me suspende en tus piel;
alimento de mis huesos,
sueño de mis pupilas esmeralda.
Invisible como la agonía que desvanece
en la consumación de tu sonrisa
recortando con besos,
la frialdad de mi tarde nevada.
Invisible, sí, invisible...
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Muy buena noche, estimado caballero Hugo, primeramente le diré que la tinta de su pluma es el suave canto de la noche, como día, como sol...
El escrito es reducido a su máximo potencial sentimental, ya que la estructura -a mi parecer- cuenta con el lenguaje adecuado, suave y delicado para demostrar dulzura en mínimas palabras, burbujeante de sonrisas, también pero principalmente halagador para su amada. Muy bueno, es dulce y soñador, hermoso para un escrito sutilmente escrito de amor. Hasta pronto. Carpe diem.
Kattherinne.
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