Carlos Clemente Olivares
Poeta recién llegado
Si yo fuera tu vampiro te comería a besos lentamente al ritmo de tu respiración
e irrigaría por completo tu sangre hasta mi boca para arrancarte el último suspiro,
para que seas mía eternamente, para volvernos uno, unidos por tu sangre,
para amarte en mi interior como te amo ahora, oculto tras las sombras,
sin necesidad de que mi amor le de la cara a la luz del día.
Si yo fuera tu vampiro no habrá lanza ni estaca que te arranque de lo profundo de mi corazón.
Y como describirte vida mía, las sensaciones que estallan a tu causa,
la dulce sensación del palpitar tibio de tu torrente sanguíneo al recorrer tus venas,
que es como un idilio entre el gusto y el tacto que me azota y me posee salvaje,
que me hace desearte instantánea, sutil pero en perpetuidad altiva,
disfrutando juntos de ese tierno roce de mis labios sedientos de ti, anhelante de tus besos,
anhelante de tu cuerpo, que se erige como un vicio ante mis sentidos intactos.
He deseado tanta veces flagelarte y subyugarte para volver finito lo infinito de tu cuerpo,
no para saciar mis insanas locuras, sino para que mis caricias tengan donde postrarse inocuos,
para hallar un lugar donde mis besos puedan ser mordaces pero sugestivos,
para darle vida propia a mis palabras que se extinguen en los abismos del recuerdo.
He deseado tanto tomarte entre mis manos y asfixiarte lentamente,
y secar de tus parpados las lagrimas arrogantes que se escapan de tus ojos,
y verlos lentamente extinguir su brillo, para volverte eterna en ese instante sublime,
para darle eternidad a tu existencia y a la postre la vivías conmigo.
Mas sin embargo me he dado cuenta en estas terribles tormentas de homicidas pensamientos,
que para vivir en la obscuridad eterna es necesario haber conocido la luz,
y ahora se que son tus ojos esa luz que cegó mi mirar y me han vuelto loco,
y son los entes que persigo a diario en las noches de pesadillas malditas.
Es por eso que ahora te persigo, mi dulce carcelera, porque vivo prisionero de tu alma
cautivo por tus besos, porque mi ser completo añora ser eterno ante tu cuerpo,
por que aun cuando la noche oculta con su negrura el firmamento,
solo la luz de tus ojos será la guía donde finalice por fin este maldito cuento.
e irrigaría por completo tu sangre hasta mi boca para arrancarte el último suspiro,
para que seas mía eternamente, para volvernos uno, unidos por tu sangre,
para amarte en mi interior como te amo ahora, oculto tras las sombras,
sin necesidad de que mi amor le de la cara a la luz del día.
Si yo fuera tu vampiro no habrá lanza ni estaca que te arranque de lo profundo de mi corazón.
Y como describirte vida mía, las sensaciones que estallan a tu causa,
la dulce sensación del palpitar tibio de tu torrente sanguíneo al recorrer tus venas,
que es como un idilio entre el gusto y el tacto que me azota y me posee salvaje,
que me hace desearte instantánea, sutil pero en perpetuidad altiva,
disfrutando juntos de ese tierno roce de mis labios sedientos de ti, anhelante de tus besos,
anhelante de tu cuerpo, que se erige como un vicio ante mis sentidos intactos.
He deseado tanta veces flagelarte y subyugarte para volver finito lo infinito de tu cuerpo,
no para saciar mis insanas locuras, sino para que mis caricias tengan donde postrarse inocuos,
para hallar un lugar donde mis besos puedan ser mordaces pero sugestivos,
para darle vida propia a mis palabras que se extinguen en los abismos del recuerdo.
He deseado tanto tomarte entre mis manos y asfixiarte lentamente,
y secar de tus parpados las lagrimas arrogantes que se escapan de tus ojos,
y verlos lentamente extinguir su brillo, para volverte eterna en ese instante sublime,
para darle eternidad a tu existencia y a la postre la vivías conmigo.
Mas sin embargo me he dado cuenta en estas terribles tormentas de homicidas pensamientos,
que para vivir en la obscuridad eterna es necesario haber conocido la luz,
y ahora se que son tus ojos esa luz que cegó mi mirar y me han vuelto loco,
y son los entes que persigo a diario en las noches de pesadillas malditas.
Es por eso que ahora te persigo, mi dulce carcelera, porque vivo prisionero de tu alma
cautivo por tus besos, porque mi ser completo añora ser eterno ante tu cuerpo,
por que aun cuando la noche oculta con su negrura el firmamento,
solo la luz de tus ojos será la guía donde finalice por fin este maldito cuento.