Cualquier cosa que esté a tu alcance el hacerla,
hazla según tus fuerzas, porque no existirá obra ni razones
ni ciencia ni sabiduría en el she'ol a donde te encaminas
Eclesiastes 9:7-10
El paso del tiempo le ha puesto a mi cuerpo una trampa de huesos,
tengo el corazón perforado como un panal a punto del suplicio,
He aquí que me he puesto a pensar en todo,
en mi madre, recien nacida apenas,
por la ciencia y la divina misericordia.
También en, ti cuya sangre lejana me tiene suprimido,
¡que locura! que locura mis pies y mi cerebro
confundidos entre la humadera y la vanidad
que locura estás palabras mal sacadas de la lumbre
que locura la poesía, de poco sirve cuando el alma se desangra,
de poco sirve ser bueno o malo,
Francia o el tercer mundo, es nada,
solo un puñado de nada la existencia.
Ya va uno ahí con sus manos abiertas,
preocupado por el amor y la felicidad,
preocupado también por el dinero,
ya va uno ahí ¿persiguiendo qué?
¿su otra mitad de sueños?
¿pero que es eso a lo que llamamos sueños,
verdades transformadas en nuestra hora de debilidad?
Solo un sueño tuve cuando era niño
y ese era hablar con Dios,
pero ahora no tengo mucho que decirte señor, estoy extinto.
¿Qué esperar entonces en este tiritar de días
que mi pensamiento escupe y ladra?
¿que esperar?, dime tú, muerte poderosa,
¿a qué le temes? si también tú amas al hombre,
te ví llorar el día en que nací
y sé que llorarás también el día que muera
porque no hay finales que sean hermosos,
a menos que haya puertas
de última oportunidad a la esperanza...
hazla según tus fuerzas, porque no existirá obra ni razones
ni ciencia ni sabiduría en el she'ol a donde te encaminas
Eclesiastes 9:7-10
El paso del tiempo le ha puesto a mi cuerpo una trampa de huesos,
tengo el corazón perforado como un panal a punto del suplicio,
He aquí que me he puesto a pensar en todo,
en mi madre, recien nacida apenas,
por la ciencia y la divina misericordia.
También en, ti cuya sangre lejana me tiene suprimido,
¡que locura! que locura mis pies y mi cerebro
confundidos entre la humadera y la vanidad
que locura estás palabras mal sacadas de la lumbre
que locura la poesía, de poco sirve cuando el alma se desangra,
de poco sirve ser bueno o malo,
Francia o el tercer mundo, es nada,
solo un puñado de nada la existencia.
Ya va uno ahí con sus manos abiertas,
preocupado por el amor y la felicidad,
preocupado también por el dinero,
ya va uno ahí ¿persiguiendo qué?
¿su otra mitad de sueños?
¿pero que es eso a lo que llamamos sueños,
verdades transformadas en nuestra hora de debilidad?
Solo un sueño tuve cuando era niño
y ese era hablar con Dios,
pero ahora no tengo mucho que decirte señor, estoy extinto.
¿Qué esperar entonces en este tiritar de días
que mi pensamiento escupe y ladra?
¿que esperar?, dime tú, muerte poderosa,
¿a qué le temes? si también tú amas al hombre,
te ví llorar el día en que nací
y sé que llorarás también el día que muera
porque no hay finales que sean hermosos,
a menos que haya puertas
de última oportunidad a la esperanza...
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