Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
El Demonio quiso poseerme
lo sentí llegar a mis espaldas
introducirse en el cuenco de mi cuerpo.
Me enfurecí
¡Inutil! -le grité-
¡Vergüenza de todos los Universos!
¡Fracasado!
¡Apocado!
Impotente...
¡Inepto!
¡Cómo es posible que la estupidez más absurda
te haga huir a pasos alocados!
Él estaba extrañado
esperaba de mí: miedo;
y lo recibió mi indignación.
El coraje de sentirme huésped forzado
de un guerrero cobarde y vergonzante,
incapaz de levantarse
esgrimiendo como suya, a la victoria.
Lo vi fugarse por la ventana
sin volver la vista
con el rostro lleno de vergüenza.
Cuando se fue
extendí mi mano sobre el universo
y todo cuanto existe
se rindió a mi voluntad.
.
lo sentí llegar a mis espaldas
introducirse en el cuenco de mi cuerpo.
Me enfurecí
¡Inutil! -le grité-
¡Vergüenza de todos los Universos!
¡Fracasado!
¡Apocado!
Impotente...
¡Inepto!
¡Cómo es posible que la estupidez más absurda
te haga huir a pasos alocados!
Él estaba extrañado
esperaba de mí: miedo;
y lo recibió mi indignación.
El coraje de sentirme huésped forzado
de un guerrero cobarde y vergonzante,
incapaz de levantarse
esgrimiendo como suya, a la victoria.
Lo vi fugarse por la ventana
sin volver la vista
con el rostro lleno de vergüenza.
Cuando se fue
extendí mi mano sobre el universo
y todo cuanto existe
se rindió a mi voluntad.
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