Megara900
Poeta que considera el portal su segunda casa
Arenas de marzo integraron tu cuerpo
cuando eras un latido
una duda
apenas un sueño.
Tanto te anhelaron los céfiros
tanto te contempló un ángel desde los árrecifes yertos
que en tu figura de barro derramó una gota de aliento
Y al tiempo viniste
como viene el invierno
y al fuego fueron forjados tus miedos
tu corazón tan nuevo
conoció la furia de un mundo ya demasiado viejo
Y tu memoria sonreía
y tu espíritu estremecía
tristeza a tristeza
te consumió la vida.
Buscaste ese ángel
hasta evaporando los mares
y allí sentado en la oscuridad y el silencio
resonó una voz desde tus adentros
Pensó y pensó
se levantó y marchó
y así anduvo caminando entre muertos
Intentó ser bueno
en un mundo ya demasiado soberbio
Esperó y esperó
a través de su propio recuerdo
las ardientes arenas devoraron sus sueños
Cuando despertó ya no era él
era más un monolito de acero
En sus ojos ya nunca más brillará el sol
su corazón no es más que un montón de huecos
Al mirar hacia atrás
una lágrima amarga recorrió su cuello
y en la lágrima pudo ver el ángel
exiliado de su propio sendero
No lloró, ni siquiera titubeó un dedo
sólo marchó
y se perdió como un grano de arena en un inmenso desierto.
cuando eras un latido
una duda
apenas un sueño.
Tanto te anhelaron los céfiros
tanto te contempló un ángel desde los árrecifes yertos
que en tu figura de barro derramó una gota de aliento
Y al tiempo viniste
como viene el invierno
y al fuego fueron forjados tus miedos
tu corazón tan nuevo
conoció la furia de un mundo ya demasiado viejo
Y tu memoria sonreía
y tu espíritu estremecía
tristeza a tristeza
te consumió la vida.
Buscaste ese ángel
hasta evaporando los mares
y allí sentado en la oscuridad y el silencio
resonó una voz desde tus adentros
Pensó y pensó
se levantó y marchó
y así anduvo caminando entre muertos
Intentó ser bueno
en un mundo ya demasiado soberbio
Esperó y esperó
a través de su propio recuerdo
las ardientes arenas devoraron sus sueños
Cuando despertó ya no era él
era más un monolito de acero
En sus ojos ya nunca más brillará el sol
su corazón no es más que un montón de huecos
Al mirar hacia atrás
una lágrima amarga recorrió su cuello
y en la lágrima pudo ver el ángel
exiliado de su propio sendero
No lloró, ni siquiera titubeó un dedo
sólo marchó
y se perdió como un grano de arena en un inmenso desierto.