LUZYABSENTA
Poeta que no puede vivir sin el portal
Hacer oración con los miedos de un niño; ver e imaginar; querer ocultarse,
amar la soledad y sentirse vivo al pasear por los pasados.
ME SIENTO OLA DE NIÑO
Sensible y agitado me siento ola de niño
así lleno los miedos con siluetas presenciales
que huyen de las ciegas paredes nocturnas
imaginándome el sudor y los escalofríos
como un ejército de sensaciones ebrias.
Invierto la imaginación y sigilosamente,
miro los perfiles sombríos de la quietud
que se teje entre las formas de la sombra
recorrida por las impaciencias de un ciempiés
que, con semblante obsceno, deja su rastro
casi en el extremo de la esquina de la mesa.
Veo, invento, imagino la fusión en perspectiva,
me persigue el enjambre húmedo del rastro
mientras escalo por sillas de rostro melancólico
y bañado de lágrimas aplastadas de besos.
Ahora siento,
mejor presiento, que quiero
ocultarme en el alma de payaso,
en el pan crujiente del tiempo ignorado.
Ocultarme entre la fría melancolía
y en las cenizas de las vocaciones.
Querer estar solo,
detrás de las flores de tierra trasera
y capturar los rocío de la mañana
para restregar con mis manos la pintura;
y dejar que las paredes me sientan vivo
puro entre las cajas vacías de sombras,
limpio en la rifa de los destinos solitarios.
Era niño de miedos fluidos en estambre
ahora estoy solo frente a las edades,
las sigo mirando entre ventanas viejas.
¿Por qué no?
Entre todos los pasados seniles
viendo con rojos ojos envejecidos
a las burlas nacidas y transparentes,
y las torturas que ensucian mi rastro
en la huella silenciosa de aquel ciempiés.
* * * * * * *
luzyabsenta
así lleno los miedos con siluetas presenciales
que huyen de las ciegas paredes nocturnas
imaginándome el sudor y los escalofríos
como un ejército de sensaciones ebrias.
Invierto la imaginación y sigilosamente,
miro los perfiles sombríos de la quietud
que se teje entre las formas de la sombra
recorrida por las impaciencias de un ciempiés
que, con semblante obsceno, deja su rastro
casi en el extremo de la esquina de la mesa.
Veo, invento, imagino la fusión en perspectiva,
me persigue el enjambre húmedo del rastro
mientras escalo por sillas de rostro melancólico
y bañado de lágrimas aplastadas de besos.
Ahora siento,
mejor presiento, que quiero
ocultarme en el alma de payaso,
en el pan crujiente del tiempo ignorado.
Ocultarme entre la fría melancolía
y en las cenizas de las vocaciones.
Querer estar solo,
detrás de las flores de tierra trasera
y capturar los rocío de la mañana
para restregar con mis manos la pintura;
y dejar que las paredes me sientan vivo
puro entre las cajas vacías de sombras,
limpio en la rifa de los destinos solitarios.
Era niño de miedos fluidos en estambre
ahora estoy solo frente a las edades,
las sigo mirando entre ventanas viejas.
¿Por qué no?
Entre todos los pasados seniles
viendo con rojos ojos envejecidos
a las burlas nacidas y transparentes,
y las torturas que ensucian mi rastro
en la huella silenciosa de aquel ciempiés.
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luzyabsenta
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