EL TIO FACUNDO (Cuento del abuelo)

PITEIRA

Poeta que considera el portal su segunda casa
EL TÍO FANCUNDO (Cuento del abuelo)

“El pueblo se alborotaba
por el suceso terrible
comentando el caso horrible
que entre su gente pasaba.”
El abuelo comenzaba
de esta manera su cuento
y a partir de este momento,
confiando en mi memoria,
voy a escribir yo la historia
sin olvidar un acento.

¿Qué era pues lo que ocurría
que en boca de todo el mundo
andaba el tío Facundo
provocando algarabía?
Era que el hombre decía,
asombrado y muy nervioso,
que fue un monstruo fabuloso
lo que aquella noche vió,
que de sus fauces surgió
un rugido estrepitoso.

El sendero iluminaba
una luna distraída
que entre nubes escondida
sus tropiezos evitaba.
En silencio cabalgaba
entre la negra espesura
cuando atacó su cordura
un espantoso alarido
y escapó despavorido
fustigando su montura.

Un buen trecho recorrió
a todo trapo escapando
mas pronto se fue calmando
y al cabo ya se paró.
Sobre sus pasos volvió
creyéndose en el deber
de tener que socorrer
a quien así se quejaba
pero no se imaginaba
lo que le iba a suceder.

Esa luna caprichosa
tímida ya se ocultaba
tras una nube que andaba
por el cielo revoltosa
cuando la voz temblorosa
de Facundo en el lugar
pugnaba por pronunciar
palabras de caballero,
mas el sonido primero
que allí se vino a escuchar
fue un grito desgarrador
de feroz naturaleza
que penetró en su cabeza
y le llenó de terror.
Al mismo tiempo el hedor
de algún monstruo nauseabundo,
o de un bicho de otro mundo,
vil, castigaba su olfato;
No ha de olvidar ese rato
el pobre tío Facundo.

Esta historia relataba
los ojos desencajando.
Todo su cuerpo temblando
fuerte temor delataba.
Su ronca voz se crispaba
recordando aquel horror
y a sus manos un temblor
incontrolado acudía
y a su nariz se venía,
sofocante, aquel hedor.

Por el tumulto atraído
Paquito allí se acercó
preguntando que pasó.
Cuando supo lo ocurrido
pensativo y sorprendido
quedó parado aquel hombre,
que aunque llevase por nombre
uno que en “ito” se acaba
un cuerpo enorme se alzaba
que le daba gran renombre.

Era grande el buen Paquito
a lo alto y a lo ancho,
no le sobra nunca rancho,
le llamaban “El Flaquito”.
Para saciar su apetito
como gigante comía,
como un ogro bebía
y después de sus almuerzos
haciendo grandes esfuerzos
en el monte se vacía.

Y soltó gran carcajada
viendo a Facundo temblar
recordando aquel lugar
en que la noche pasada
holgando el vientre gritaba,
pues un gran restreñimiento
causaba en aquel momento
un grandísimo dolor
y un grito desgarrador
provocaba aquel tormento.

Recuerde usted lo que lee,
no siempre es lo que parece
ni crédito se merece
lo que primero se ve.


PITEIRA.
 
Última edición:
jajaja Estupendo sinceramente, te agradezco este poema tan bien rimado y de claras imágenes... Me has hecho recordar a mi abuelo que sabia recitarme algunos versos... Nunca falto el agrande y siempre el achique en aquellas historias. Te felicito Amigo.

Un gran abrazo.
 
EL TÍO FANCUNDO (Cuento del abuelo)

“El pueblo se alborotaba
por el suceso terrible
comentando el caso horrible
que entre su gente pasaba.”
El abuelo comenzaba
de esta manera su cuento
y a partir de este momento,
confiando en mi memoria,
voy a escribir yo la historia
sin olvidar un acento.

¿Qué era pues lo que ocurría
que en boca de todo el mundo
andaba el tío Facundo
provocando algarabía?
Era que el hombre decía,
asombrado y muy nervioso,
que fue un monstruo fabuloso
lo que aquella noche vio,
que de sus fauces surgió
un rugido estrepitoso.

El sendero iluminaba
una luna distraída
que entre nubes escondida
sus tropiezos evitaba.
En silencio cabalgaba
entre la negra espesura
cuando atacó su cordura
un espantoso alarido
y escapó despavorido
fustigando su montura.

Un buen trecho recorrió
a todo trapo escapando
mas pronto se fue calmando
y al cabo ya se paró.
Sobre sus pasos volvió
creyéndose en el deber
de tener que socorrer
a quien así se quejaba
pero no se imaginaba
lo que le iba a suceder.

Esa luna caprichosa
tímida ya se ocultaba
tras una nube que andaba
por el cielo revoltosa
cuando la voz temblorosa
de Facundo en el lugar
pugnaba por pronunciar
palabras de caballero,
mas el sonido primero
que allí se vino a escuchar
fue un grito desgarrador
de feroz naturaleza
que penetró en su cabeza
y le llenó de terror.
Al mismo tiempo el hedor
de algún monstruo nauseabundo,
o de un bicho de otro mundo,
vil, castigaba su olfato;
No ha de olvidar ese rato
el pobre tío Facundo.

Esta historia relataba
los ojos desencajando.
Todo su cuerpo temblando
fuerte temor delataba.
Su ronca voz se crispaba
recordando aquel horror
y a sus manos un temblor
incontrolado acudía
y a su nariz se venía,
sofocante, aquel hedor.

Por el tumulto atraído
Paquito allí se acercó
preguntando que pasó.
Cuando supo lo ocurrido
pensativo y sorprendido
quedó parado aquel hombre,
que aunque llevase por nombre
uno que en “ito” se acaba
un cuerpo enorme se alzaba
que le daba gran renombre.

Era grande el buen Paquito
a lo alto y a lo ancho,
no le sobra nunca rancho,
le llamaban “El Flaquito”.
Para saciar su apetito
como gigante comía,
como un ogro bebía
y después de sus almuerzos
haciendo grandes esfuerzos
en el monte se vacía.

Y soltó gran carcajada
viendo a Facundo temblar
recordando aquel lugar
en que la noche pasada
holgando el vientre gritaba,
pues un gran restreñimiento
causaba en aquel momento
un grandísimo dolor
y un grito desgarrador
provocaba aquel tormento.

Recuerde usted lo que lee,
no siempre es lo que parece
ni crédito se merece
lo que primero se ve.


PITEIRA.



me encantó xosé
mis estrellitas todas para ti
un abrazo con mis alas abiertas
:::hug:::
 
EL TÍO FANCUNDO (Cuento del abuelo)

“El pueblo se alborotaba
por el suceso terrible
comentando el caso horrible
que entre su gente pasaba.”
El abuelo comenzaba
de esta manera su cuento
y a partir de este momento,
confiando en mi memoria,
voy a escribir yo la historia
sin olvidar un acento.

¿Qué era pues lo que ocurría
que en boca de todo el mundo
andaba el tío Facundo
provocando algarabía?
Era que el hombre decía,
asombrado y muy nervioso,
que fue un monstruo fabuloso
lo que aquella noche vio,
que de sus fauces surgió
un rugido estrepitoso.

El sendero iluminaba
una luna distraída
que entre nubes escondida
sus tropiezos evitaba.
En silencio cabalgaba
entre la negra espesura
cuando atacó su cordura
un espantoso alarido
y escapó despavorido
fustigando su montura.

Un buen trecho recorrió
a todo trapo escapando
mas pronto se fue calmando
y al cabo ya se paró.
Sobre sus pasos volvió
creyéndose en el deber
de tener que socorrer
a quien así se quejaba
pero no se imaginaba
lo que le iba a suceder.

Esa luna caprichosa
tímida ya se ocultaba
tras una nube que andaba
por el cielo revoltosa
cuando la voz temblorosa
de Facundo en el lugar
pugnaba por pronunciar
palabras de caballero,
mas el sonido primero
que allí se vino a escuchar
fue un grito desgarrador
de feroz naturaleza
que penetró en su cabeza
y le llenó de terror.
Al mismo tiempo el hedor
de algún monstruo nauseabundo,
o de un bicho de otro mundo,
vil, castigaba su olfato;
No ha de olvidar ese rato
el pobre tío Facundo.

Esta historia relataba
los ojos desencajando.
Todo su cuerpo temblando
fuerte temor delataba.
Su ronca voz se crispaba
recordando aquel horror
y a sus manos un temblor
incontrolado acudía
y a su nariz se venía,
sofocante, aquel hedor.

Por el tumulto atraído
Paquito allí se acercó
preguntando que pasó.
Cuando supo lo ocurrido
pensativo y sorprendido
quedó parado aquel hombre,
que aunque llevase por nombre
uno que en “ito” se acaba
un cuerpo enorme se alzaba
que le daba gran renombre.

Era grande el buen Paquito
a lo alto y a lo ancho,
no le sobra nunca rancho,
le llamaban “El Flaquito”.
Para saciar su apetito
como gigante comía,
como un ogro bebía
y después de sus almuerzos
haciendo grandes esfuerzos
en el monte se vacía.

Y soltó gran carcajada
viendo a Facundo temblar
recordando aquel lugar
en que la noche pasada
holgando el vientre gritaba,
pues un gran restreñimiento
causaba en aquel momento
un grandísimo dolor
y un grito desgarrador
provocaba aquel tormento.

Recuerde usted lo que lee,
no siempre es lo que parece
ni crédito se merece
lo que primero se ve.


PITEIRA.


Impecables décimas, amigo Piteira, con su colofón de redondilla,
para esa epopeya que relatas, de gracioso contenido;
Sin duda, tienes vena para el humor, a más de talento poético;
un abrazo,
edelabarra
 
Con tu personal sello de excelencia en décimas ,has logrado un cuento maravilloso y lleno se ironia y humor amigo Xosé
Te felicito de todo corazón por tu talento poético y por tuj facilidad para contar historias en décimas.
estrellas y besos.
 
jajaja Estupendo sinceramente, te agradezco este poema tan bien rimado y de claras imágenes... Me has hecho recordar a mi abuelo que sabia recitarme algunos versos... Nunca falto el agrande y siempre el achique en aquellas historias. Te felicito Amigo.

Un gran abrazo.
Muchísimas gracias, DEL PEDREGAL, por tu comentario.
Me alegra que te haya traído buenos recuerdos.
 
Impecables décimas, amigo Piteira, con su colofón de redondilla,
para esa epopeya que relatas, de gracioso contenido;
Sin duda, tienes vena para el humor, a más de talento poético;
un abrazo,
edelabarra
Gracias, Eduardo. Es muy halagador tu comentario.
Un fuerte abrazo.
 
Con tu personal sello de excelencia en décimas ,has logrado un cuento maravilloso y lleno se ironia y humor amigo Xosé
Te felicito de todo corazón por tu talento poético y por tuj facilidad para contar historias en décimas.
estrellas y besos.
Gracias, Pilar. Me alegra mucho verte y recibir tu amable comentario.
Un beso, amiga.
Xosé.
 
EL TÍO FANCUNDO (Cuento del abuelo)

“El pueblo se alborotaba
por el suceso terrible
comentando el caso horrible
que entre su gente pasaba.”
El abuelo comenzaba
de esta manera su cuento
y a partir de este momento,
confiando en mi memoria,
voy a escribir yo la historia
sin olvidar un acento.

¿Qué era pues lo que ocurría
que en boca de todo el mundo
andaba el tío Facundo
provocando algarabía?
Era que el hombre decía,
asombrado y muy nervioso,
que fue un monstruo fabuloso
lo que aquella noche vió,
que de sus fauces surgió
un rugido estrepitoso.

El sendero iluminaba
una luna distraída
que entre nubes escondida
sus tropiezos evitaba.
En silencio cabalgaba
entre la negra espesura
cuando atacó su cordura
un espantoso alarido
y escapó despavorido
fustigando su montura.

Un buen trecho recorrió
a todo trapo escapando
mas pronto se fue calmando
y al cabo ya se paró.
Sobre sus pasos volvió
creyéndose en el deber
de tener que socorrer
a quien así se quejaba
pero no se imaginaba
lo que le iba a suceder.

Esa luna caprichosa
tímida ya se ocultaba
tras una nube que andaba
por el cielo revoltosa
cuando la voz temblorosa
de Facundo en el lugar
pugnaba por pronunciar
palabras de caballero,
mas el sonido primero
que allí se vino a escuchar
fue un grito desgarrador
de feroz naturaleza
que penetró en su cabeza
y le llenó de terror.
Al mismo tiempo el hedor
de algún monstruo nauseabundo,
o de un bicho de otro mundo,
vil, castigaba su olfato;
No ha de olvidar ese rato
el pobre tío Facundo.

Esta historia relataba
los ojos desencajando.
Todo su cuerpo temblando
fuerte temor delataba.
Su ronca voz se crispaba
recordando aquel horror
y a sus manos un temblor
incontrolado acudía
y a su nariz se venía,
sofocante, aquel hedor.

Por el tumulto atraído
Paquito allí se acercó
preguntando que pasó.
Cuando supo lo ocurrido
pensativo y sorprendido
quedó parado aquel hombre,
que aunque llevase por nombre
uno que en “ito” se acaba
un cuerpo enorme se alzaba
que le daba gran renombre.

Era grande el buen Paquito
a lo alto y a lo ancho,
no le sobra nunca rancho,
le llamaban “El Flaquito”.
Para saciar su apetito
como gigante comía,
como un ogro bebía
y después de sus almuerzos
haciendo grandes esfuerzos
en el monte se vacía.

Y soltó gran carcajada
viendo a Facundo temblar
recordando aquel lugar
en que la noche pasada
holgando el vientre gritaba,
pues un gran restreñimiento
causaba en aquel momento
un grandísimo dolor
y un grito desgarrador
provocaba aquel tormento.

Recuerde usted lo que lee,
no siempre es lo que parece
ni crédito se merece
lo que primero se ve.


PITEIRA.

Amigo Piteira, aparte de haberme hecho pasar un rato delicioso con la léctura de tus letras, aparte de estrellarte y darte un abrazo. solo una cosa mas:

!GENIAL!
 
EL TÍO FANCUNDO (Cuento del abuelo)

“El pueblo se alborotaba
por el suceso terrible
comentando el caso horrible
que entre su gente pasaba.”
El abuelo comenzaba
de esta manera su cuento
y a partir de este momento,
confiando en mi memoria,
voy a escribir yo la historia
sin olvidar un acento.

¿Qué era pues lo que ocurría
que en boca de todo el mundo
andaba el tío Facundo
provocando algarabía?
Era que el hombre decía,
asombrado y muy nervioso,
que fue un monstruo fabuloso
lo que aquella noche vió,
que de sus fauces surgió
un rugido estrepitoso.

El sendero iluminaba
una luna distraída
que entre nubes escondida
sus tropiezos evitaba.
En silencio cabalgaba
entre la negra espesura
cuando atacó su cordura
un espantoso alarido
y escapó despavorido
fustigando su montura.

Un buen trecho recorrió
a todo trapo escapando
mas pronto se fue calmando
y al cabo ya se paró.
Sobre sus pasos volvió
creyéndose en el deber
de tener que socorrer
a quien así se quejaba
pero no se imaginaba
lo que le iba a suceder.

Esa luna caprichosa
tímida ya se ocultaba
tras una nube que andaba
por el cielo revoltosa
cuando la voz temblorosa
de Facundo en el lugar
pugnaba por pronunciar
palabras de caballero,
mas el sonido primero
que allí se vino a escuchar
fue un grito desgarrador
de feroz naturaleza
que penetró en su cabeza
y le llenó de terror.
Al mismo tiempo el hedor
de algún monstruo nauseabundo,
o de un bicho de otro mundo,
vil, castigaba su olfato;
No ha de olvidar ese rato
el pobre tío Facundo.

Esta historia relataba
los ojos desencajando.
Todo su cuerpo temblando
fuerte temor delataba.
Su ronca voz se crispaba
recordando aquel horror
y a sus manos un temblor
incontrolado acudía
y a su nariz se venía,
sofocante, aquel hedor.

Por el tumulto atraído
Paquito allí se acercó
preguntando que pasó.
Cuando supo lo ocurrido
pensativo y sorprendido
quedó parado aquel hombre,
que aunque llevase por nombre
uno que en “ito” se acaba
un cuerpo enorme se alzaba
que le daba gran renombre.

Era grande el buen Paquito
a lo alto y a lo ancho,
no le sobra nunca rancho,
le llamaban “El Flaquito”.
Para saciar su apetito
como gigante comía,
como un ogro bebía
y después de sus almuerzos
haciendo grandes esfuerzos
en el monte se vacía.

Y soltó gran carcajada
viendo a Facundo temblar
recordando aquel lugar
en que la noche pasada
holgando el vientre gritaba,
pues un gran restreñimiento
causaba en aquel momento
un grandísimo dolor
y un grito desgarrador
provocaba aquel tormento.

Recuerde usted lo que lee,
no siempre es lo que parece
ni crédito se merece
lo que primero se ve.


PITEIRA.




Pobre Facundo, qué susto se dio con los constriños del gigante Paquito... el flaquito, un abrazo Piteira
 

Mi estimado Xosé:

Ya sabia yo que no ibas a defraudarme con tu poema.
Excelentes décimas! y del tema.... jocoso y atrayente
al mismo tiempo.
Y ya me imagino al pobre abuelo, el hedor y los gritos...
y me sacan una tremenda sonrisa....

Un gusto navegar por el mar de tus versos...


Saludos cordiales.
sig.gif

El Armador de Sonetos.
 
EL TÍO FANCUNDO (Cuento del abuelo)

“El pueblo se alborotaba
por el suceso terrible
comentando el caso horrible
que entre su gente pasaba.”
El abuelo comenzaba
de esta manera su cuento
y a partir de este momento,
confiando en mi memoria,
voy a escribir yo la historia
sin olvidar un acento.

¿Qué era pues lo que ocurría
que en boca de todo el mundo
andaba el tío Facundo
provocando algarabía?
Era que el hombre decía,
asombrado y muy nervioso,
que fue un monstruo fabuloso
lo que aquella noche vió,
que de sus fauces surgió
un rugido estrepitoso.

El sendero iluminaba
una luna distraída
que entre nubes escondida
sus tropiezos evitaba.
En silencio cabalgaba
entre la negra espesura
cuando atacó su cordura
un espantoso alarido
y escapó despavorido
fustigando su montura.

Un buen trecho recorrió
a todo trapo escapando
mas pronto se fue calmando
y al cabo ya se paró.
Sobre sus pasos volvió
creyéndose en el deber
de tener que socorrer
a quien así se quejaba
pero no se imaginaba
lo que le iba a suceder.

Esa luna caprichosa
tímida ya se ocultaba
tras una nube que andaba
por el cielo revoltosa
cuando la voz temblorosa
de Facundo en el lugar
pugnaba por pronunciar
palabras de caballero,
mas el sonido primero
que allí se vino a escuchar
fue un grito desgarrador
de feroz naturaleza
que penetró en su cabeza
y le llenó de terror.
Al mismo tiempo el hedor
de algún monstruo nauseabundo,
o de un bicho de otro mundo,
vil, castigaba su olfato;
No ha de olvidar ese rato
el pobre tío Facundo.

Esta historia relataba
los ojos desencajando.
Todo su cuerpo temblando
fuerte temor delataba.
Su ronca voz se crispaba
recordando aquel horror
y a sus manos un temblor
incontrolado acudía
y a su nariz se venía,
sofocante, aquel hedor.

Por el tumulto atraído
Paquito allí se acercó
preguntando que pasó.
Cuando supo lo ocurrido
pensativo y sorprendido
quedó parado aquel hombre,
que aunque llevase por nombre
uno que en “ito” se acaba
un cuerpo enorme se alzaba
que le daba gran renombre.

Era grande el buen Paquito
a lo alto y a lo ancho,
no le sobra nunca rancho,
le llamaban “El Flaquito”.
Para saciar su apetito
como gigante comía,
como un ogro bebía
y después de sus almuerzos
haciendo grandes esfuerzos
en el monte se vacía.

Y soltó gran carcajada
viendo a Facundo temblar
recordando aquel lugar
en que la noche pasada
holgando el vientre gritaba,
pues un gran restreñimiento
causaba en aquel momento
un grandísimo dolor
y un grito desgarrador
provocaba aquel tormento.

Recuerde usted lo que lee,
no siempre es lo que parece
ni crédito se merece
lo que primero se ve.


PITEIRA.




Querido amigo, me encantó leer este poema, lo he disfrutado mucho. Aprecio el fino humor en una historia que me lleva a mi niñez, cuando papá nos "entretenía" en las noches antes de dormir. Te envío mis sonrisas y un gran abrazo.
 
Mi estimado Xosé:

Ya sabia yo que no ibas a defraudarme con tu poema.
Excelentes décimas! y del tema.... jocoso y atrayente
al mismo tiempo.
Y ya me imagino al pobre abuelo, el hedor y los gritos...
y me sacan una tremenda sonrisa....

Un gusto navegar por el mar de tus versos...


Saludos cordiales.
sig.gif

El Armador de Sonetos.
Un honor tu visita, Angel.
Me alegro de que te haya provocado esa sonrisa.
Muchas gracias y hasta pronto.
Xosé.
 

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