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Rumbita 5-20

waldo lopez

Poeta recién llegado
Algunas veces
una parte de mí muere de silencios.
Otra se escapa por la ventana
persiguiendo el rechinido de plumas en el aire.
Algunas veces
más algunas que ningunas,
se me acaban las vituallas.
El horizonte me cuestiona su código azul.
Entonces descubro mis camisas, pantalones y calcetines
salir bailando en un carnaval de ráfagas y ventiscas
rumbo a la estación.
Imitan, con sus instrumentos invisibles,
aquellas orquestas de New Orleáns;
en la era de los contrastes: ébano y marfil.
Algunas veces
el desencanto husmea desde el tejado
y mis flores predilectas se deshojan
por culpa de otra estación.
Es cuando la herrumbre de la sangre cuaja de cuajo,
en las entrañas de un barril de cedro.
Y un buche de vino hila con filigrana su tiempo, su sino.
Algunas veces
salgo a buscar mareas entre las espumas.
Con el anzuelo para pescar mi propia impaciencia.
Algunas veces
algún blues vagabundo se mete entre mis carnes.
Me crispa los pelos y atempera el alma.
Como la alquimia del lodo
y el aullido nocturno que se hermana en la montaña.
Anegada del néctar luminoso de la luna.
Algunas veces
pongo mi oído sobre la tierra.
Escucho el rumor de las raíces;
la avena y las jacarandas, los helechos y gardenias.
Algarabía de los pétalos en la revolución de los pistilos.

Así hoy, como un día partido a la mitad,
de su vientre un puñado de gaviotas,
el mañana me atrapa
en el reacomodo órfico de un ayer.
Algunas veces
me desafino como el polen de las flores,
al ser pisadas por las mariposas.
Ignoro las partituras con sus notas insurrectas
en la rebelión de los atardeceres, para invocar
antiguas melodías salpicadas con el lodo del Mississippi.
Algunas veces
con nueces y avellanas y cuero de venado
macero la noche.
Con agua de azahares para que se desnude.
Entre los valles y cordilleras abriendo su pecho a la lluvia
disfrazada de cempasúchil.
Con tambores y sombras entre el fuego,
marco con hierro candente el centro de la noche
para que no olvide su recordar,
su convenio de amar aún en su próxima claridad.
Algunas veces
cuando se acaban los óleos para colorear el alma
bajo a su vientre para esculpir con mis manos
lo inverosímil del instante, la fragilidad de la malaquita.
Para que el inventario sea justo y puntual,
cuando los noctámbulos y fantasmas con sus panderos y claves
marquen el un-do-tre, un-do, del guaguancó.

Un-do-tre, un-do.
Un-do-tre, un-do.

Y perderme en la fotografía cantando:

“Ya me voy compita
ya me voy en pa.
La vida que se acaba
Ota a de empezá.
Ya me voy compita.
La la la la la la.
Ya me voy compita
La la la la la la.
Ota a de empezá
ota a de empezá…”


waldolopez.blogspot.com
 
Última edición:
:::banana:::Bailan todos los versos, se agitan las bailantas. Se agigantan las rumbas y el candombear. Una milonga y un danzón se sacan los sombreritos. Y yo, admirá, te voy a poner estrellas pa que no dejes de versá :::banana:::.


Estrellas de todos los géneros y mi abrazo, Waldo.
 
Algunas veces
una parte de mí muere de silencios.
Otra se escapa por la ventana
persiguiendo el rechinido de plumas en el aire.
Algunas veces
más algunas que ningunas,
se me acaban las vituallas.
El horizonte me cuestiona su código azul.
Entonces descubro mis camisas, pantalones y calcetines
salir bailando en un carnaval de ráfagas y ventiscas
rumbo a la estación.
Imitan, con sus instrumentos invisibles,
aquellas orquestas de New Orleáns;
en la era de los contrastes: ébano y marfil.
Algunas veces
el desencanto husmea desde el tejado
y mis flores predilectas se deshojan
por culpa de otra estación.
Es cuando la herrumbre de la sangre cuaja de cuajo,
en las entrañas de un barril de cedro.
Y un buche de vino hila con filigrana su tiempo, su sino.
Algunas veces
salgo a buscar mareas entre las espumas.
Con el anzuelo para pescar mi propia impaciencia.
Algunas veces
algún blues vagabundo se mete entre mis carnes.
Me crispa los pelos y atempera el alma.
Como la alquimia del lodo
y el aullido nocturno que se hermana en la montaña.
Anegada del néctar luminoso de la luna.
Algunas veces
pongo mi oído sobre la tierra.
Escucho el rumor de las raíces;
la avena y las jacarandas, los helechos y gardenias.
Algarabía de los pétalos en la revolución de los pistilos.

Así hoy, como un día partido a la mitad,
de su vientre un puñado de gaviotas,
el mañana me atrapa
en el reacomodo órfico de un ayer.
Algunas veces
me desafino como el polen de las flores,
al ser pisadas por las mariposas.
Ignoro las partituras con sus notas insurrectas
en la rebelión de los atardeceres, para invocar
antiguas melodías salpicadas con el lodo del Mississippi.
Algunas veces
con nueces y avellanas y cuero de venado
macero la noche.
Con agua de azahares para que se desnude.
Entre los valles y cordilleras abriendo su pecho a la lluvia
disfrazada de cempasúchil.
Con tambores y sombras entre el fuego,
marco con hierro candente el centro de la noche
para que no olvide su recordar,
su convenio de amar aún en su próxima claridad.
Algunas veces
cuando se acaban los óleos para colorear el alma
bajo a su vientre para esculpir con mis manos
lo inverosímil del instante, la fragilidad de la malaquita.
Para que el inventario sea justo y puntual,
cuando los noctámbulos y fantasmas con sus panderos y claves
marquen el un-do-tre, un-do, del guaguancó.

Un-do-tre, un-do.
Un-do-tre, un-do.

Y perderme en la fotografía cantando:

“Ya me voy compita
ya me voy en pa.
La vida que se acaba
Ota a de empezá.
Ya me voy compita.
La la la la la la.
Ya me voy compita
La la la la la la.
Ota a de empezá
ota a de empezᅔ


waldolopez.blogspot.com



Precioso toque mù-si-cal...jè!

Manejas un deletreo(asì le llamo yo) indiscutiblemente lleno de pasiòn, con esa magia y encanto que no se debe perder en los versos. Un placer pasar. besitos envueltos en poesìa

Lau
 

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