Alicia La Maya
Poeta fiel al portal
Siembra de distancia y claroscuro
nuestros años sin hijos.
Tierra sin semillas con rizomas
sin sed de fruto.
Mentiras de gorjeos de pájaros
y verdes naturantes,
nuestra vida.
La iglesia, los domigos,
mentirosos de Dios
que entre nosotros
fue perdiendo contornos
del aura que no nos ilumina.
Y en cada detalle
bordado de las sábanas,
que con espinas entrelacé los nudos,
y con los colores que no tuve,
las huellas de lo imaginado
formaron rosas rojas
y glicinas azules
y verdes hojas pequeñas
en los cabos de todas...
El tiempo voluptuoso
se encarno en los silencios
y la fuerza vacía
no permitió un instante
para seguir creyendo,
un instante,
para seguir esperando las mañanas,
para que cuando las flores bordadas
de nuestras blancas sábanas
se creyeran pintadas,
volvieran entre sueños a besarnos,
volvieran a abrazarnos,
porque la tela donde yacemos muertos
y secos sin los ojos
siempre fue un pedazo de raiz yerma
tejida con las espinas del jamás.
nuestros años sin hijos.
Tierra sin semillas con rizomas
sin sed de fruto.
Mentiras de gorjeos de pájaros
y verdes naturantes,
nuestra vida.
La iglesia, los domigos,
mentirosos de Dios
que entre nosotros
fue perdiendo contornos
del aura que no nos ilumina.
Y en cada detalle
bordado de las sábanas,
que con espinas entrelacé los nudos,
y con los colores que no tuve,
las huellas de lo imaginado
formaron rosas rojas
y glicinas azules
y verdes hojas pequeñas
en los cabos de todas...
El tiempo voluptuoso
se encarno en los silencios
y la fuerza vacía
no permitió un instante
para seguir creyendo,
un instante,
para seguir esperando las mañanas,
para que cuando las flores bordadas
de nuestras blancas sábanas
se creyeran pintadas,
volvieran entre sueños a besarnos,
volvieran a abrazarnos,
porque la tela donde yacemos muertos
y secos sin los ojos
siempre fue un pedazo de raiz yerma
tejida con las espinas del jamás.