Amartemisa
Poetisa
Vi llegar el azote de aire frío penetrando en mi piel,
estaba sentada en la misma acera que vio nacer mis pasos
y sí, la misma fragancia, el mismo ocaso, las mismas miradas...
Las manos se dívertían con las hojas secas de aquel árbol,
bajo el cielo gris, contrastando, y sí, los mismos colores,
igual paisaje que antaño, con sus mismas brisas de aquellos años...
Entonces te vi y no habias cambiado.
Las mismas trazas, los andares, tu cercanía, mi disimulo...
Es cierto, no eras extraño, a pesar de tu silencio y mi reparo.
Ahora pausas lentamente sobre este Otoño que abriga nuestra casa,
regresas sobre las hojas secas que un día tejieron mis dedos
y me saludas cada día a la par que besas mis labios.
estaba sentada en la misma acera que vio nacer mis pasos
y sí, la misma fragancia, el mismo ocaso, las mismas miradas...
Las manos se dívertían con las hojas secas de aquel árbol,
bajo el cielo gris, contrastando, y sí, los mismos colores,
igual paisaje que antaño, con sus mismas brisas de aquellos años...
Entonces te vi y no habias cambiado.
Las mismas trazas, los andares, tu cercanía, mi disimulo...
Es cierto, no eras extraño, a pesar de tu silencio y mi reparo.
Ahora pausas lentamente sobre este Otoño que abriga nuestra casa,
regresas sobre las hojas secas que un día tejieron mis dedos
y me saludas cada día a la par que besas mis labios.