Tamar
Poeta adicto al portal
Me abraza
Al amanecer, todo se vuelve ropa,
incluso las pesadillas,
esas que crees que acabas de lanzar,
pero vuelven, amarradas.
No sólo para golpear tu juicio,
no sólo para pintar flores góticas,
en una enredadera, en una esquina.
No sólo para lanzarse de boca,
y caer en tu cama.
Crean una nueva noche
arriba, muy arriba,
dónde los árboles te dejan caminar,
en el mismo rumbo que las nubes,
dónde si lloras,
sólo caes lentamente,
el llanto no te sacude,
y sólo por unos segundos,
te basta estar solo.
Y ese sueño solo fue un dibujo,
hecho con pedazos del fondo.
De ahí donde todo se vuelve espejo,
y los ojos molestos, se cierran,
de ahí donde duelen los ciegos,
y visitan los dolores de cabeza.
Donde el cielo se ensucia,
y empieza a caerte encima,
allá donde no quedan
amigos, conocidos, ni familia.
Pero es sólo el fondo.
Después de todo,
los árboles siguen allí,
y el cielo de este lado,
es mucho más simpático,
el llanto no cae cual piedra sobre mi cama,
ahora se acerca lentamente, y me abraza.
Al amanecer, todo se vuelve ropa,
incluso las pesadillas,
esas que crees que acabas de lanzar,
pero vuelven, amarradas.
No sólo para golpear tu juicio,
no sólo para pintar flores góticas,
en una enredadera, en una esquina.
No sólo para lanzarse de boca,
y caer en tu cama.
Crean una nueva noche
arriba, muy arriba,
dónde los árboles te dejan caminar,
en el mismo rumbo que las nubes,
dónde si lloras,
sólo caes lentamente,
el llanto no te sacude,
y sólo por unos segundos,
te basta estar solo.
Y ese sueño solo fue un dibujo,
hecho con pedazos del fondo.
De ahí donde todo se vuelve espejo,
y los ojos molestos, se cierran,
de ahí donde duelen los ciegos,
y visitan los dolores de cabeza.
Donde el cielo se ensucia,
y empieza a caerte encima,
allá donde no quedan
amigos, conocidos, ni familia.
Pero es sólo el fondo.
Después de todo,
los árboles siguen allí,
y el cielo de este lado,
es mucho más simpático,
el llanto no cae cual piedra sobre mi cama,
ahora se acerca lentamente, y me abraza.