cesarfco.cd
Poeta que no puede vivir sin el portal
Entrelazamos los dedos al caminar
con uno que otro roce a tus piernas.
Siento que la tela de tu falda no aísla
el calor que emanas.
Intercambiamos miradas, muchas miradas
que de silentes no tienen nada.
Al tiempo que leemos el pensamiento
el temblor se acrecenta.
Llegamos al rincón de ninguna parte
para contemplar el ocaso.
No entendemos el pasaje del tiempo
pero se nos hace tarde para el regreso.
Ahora siento tu piel húmeda
y tu respiración acelerada.
Deseas como yo estar
ya en nuestra cama.
No tolero la distancia que nos separa.
Sin decirte nada y sin causa aparente
te levanto en brazos
para que mi pecho roce tu cuerpo.
Nuestro candor es patente.
El viejo de la florería
nos mira picaramente.
Te regala una rosa y sonríe satisfecho.
Yo sigo caminando rumbo a nuestra casa
y para ser más exacto:
Rumbo a nuestro lecho.
con uno que otro roce a tus piernas.
Siento que la tela de tu falda no aísla
el calor que emanas.
Intercambiamos miradas, muchas miradas
que de silentes no tienen nada.
Al tiempo que leemos el pensamiento
el temblor se acrecenta.
Llegamos al rincón de ninguna parte
para contemplar el ocaso.
No entendemos el pasaje del tiempo
pero se nos hace tarde para el regreso.
Ahora siento tu piel húmeda
y tu respiración acelerada.
Deseas como yo estar
ya en nuestra cama.
No tolero la distancia que nos separa.
Sin decirte nada y sin causa aparente
te levanto en brazos
para que mi pecho roce tu cuerpo.
Nuestro candor es patente.
El viejo de la florería
nos mira picaramente.
Te regala una rosa y sonríe satisfecho.
Yo sigo caminando rumbo a nuestra casa
y para ser más exacto:
Rumbo a nuestro lecho.
®Todos los derechos reservados bajo el nombre de Jorge de Córdoba, Cesarfco.cd
::::
::::
::
::