Orfelunio
Poeta veterano en el portal
۩
La Peste
Las calles llenas de miseria;
en los barrios bajos
la basura bajo mis suelas;
con el ángel de la noche
los arrabales se despiertan.
La puta corre,
chulea el chulo;
la droga esconde
con disimulo
bajo su escote.
El niño llora,
la madre grita
disputadora
por una cita
recaudadora.
Escupe el viejo,
se orina el joven
sobre un reflejo
del mal azogue.
El cielo oscuro
lleno de estrellas;
vacío de lunas,
al negro muro
la policía se allega.
El horizonte rojo
en los cuerpos tose;
ajenos tiemblan
lo pozos profundos
de la noche.
Los pechos turbios;
turgentes moldes
del pulular en los suburbios;
deambular de los derroches.
Derrochar la nada,
derrochar del mundo,
derrochar en calma
un derroche insulso,
de tener zapato
zapatero injusto.
Ya amanece;
atrás quedó en los hombres
la miseria de este broche.
Ya aparece
el andar de los más pobres;
ya no andan ricos ese trote.
Ya dejaron sus dineros
en las putas que los monten,
que al montarlos sacan punta
y los chulos van pidiendo
cuando el Sol que ya despunta
abre caro su pañuelo.
Se cansaron de su lujo,
prefieren lo barriobajero;
beber anís de orujo
por un whisky de tres dedos.
Desayunan todas juntas:
“Los cafés buen camarero,
un condón sobró esta noche,
se lo cambio por dos euros”
Se ríe el camarero:
“Para qué lo quiero,
soy del barrio más decente,
lo hago a pelo;
aquel barrio de las luces
lleno de cruces y de duelos,
donde ángeles sin nombre
son la guarda en vuestro cuerpo”
Este mundo es un engaño;
no es maligno
lo que describen en apaño,
ni benigno el escrito en su desastre;
ni Quevedos, ni Cervantes
en su imperio militantes
de unos sueños madurados
hechos dueños con los años;
militares criticando con empeño
en Quijotes desengaños.
Los demonios son los bancos,
los orbes enseñados;
imperiales presupuestos,
presupuestos los desfalcos.
Los demonios son los “Buenos”,
la mentira de unos cuantos;
los demonios son las torres,
torrecillas de humo insano.
Pulula el hombre por la tierra;
remueve, escarba y horada en ella
que sacude las cosquillas
desmontando maravillas
de demonios que por nombre
son nombrados cabecillas;
realezas prolíficas,
políticas ensillas
afamadas de renombre.
Así es la vida que nos vendieron,
así es la noche oscura alba en ellos;
y aunque me estorbe,
si pudiera con mi estoque
no quedaba un credo en el alfaque,
credenciales miserables
de un recuerdo.
La Peste
Las calles llenas de miseria;
en los barrios bajos
la basura bajo mis suelas;
con el ángel de la noche
los arrabales se despiertan.
La puta corre,
chulea el chulo;
la droga esconde
con disimulo
bajo su escote.
El niño llora,
la madre grita
disputadora
por una cita
recaudadora.
Escupe el viejo,
se orina el joven
sobre un reflejo
del mal azogue.
El cielo oscuro
lleno de estrellas;
vacío de lunas,
al negro muro
la policía se allega.
El horizonte rojo
en los cuerpos tose;
ajenos tiemblan
lo pozos profundos
de la noche.
Los pechos turbios;
turgentes moldes
del pulular en los suburbios;
deambular de los derroches.
Derrochar la nada,
derrochar del mundo,
derrochar en calma
un derroche insulso,
de tener zapato
zapatero injusto.
Ya amanece;
atrás quedó en los hombres
la miseria de este broche.
Ya aparece
el andar de los más pobres;
ya no andan ricos ese trote.
Ya dejaron sus dineros
en las putas que los monten,
que al montarlos sacan punta
y los chulos van pidiendo
cuando el Sol que ya despunta
abre caro su pañuelo.
Se cansaron de su lujo,
prefieren lo barriobajero;
beber anís de orujo
por un whisky de tres dedos.
Desayunan todas juntas:
“Los cafés buen camarero,
un condón sobró esta noche,
se lo cambio por dos euros”
Se ríe el camarero:
“Para qué lo quiero,
soy del barrio más decente,
lo hago a pelo;
aquel barrio de las luces
lleno de cruces y de duelos,
donde ángeles sin nombre
son la guarda en vuestro cuerpo”
Este mundo es un engaño;
no es maligno
lo que describen en apaño,
ni benigno el escrito en su desastre;
ni Quevedos, ni Cervantes
en su imperio militantes
de unos sueños madurados
hechos dueños con los años;
militares criticando con empeño
en Quijotes desengaños.
Los demonios son los bancos,
los orbes enseñados;
imperiales presupuestos,
presupuestos los desfalcos.
Los demonios son los “Buenos”,
la mentira de unos cuantos;
los demonios son las torres,
torrecillas de humo insano.
Pulula el hombre por la tierra;
remueve, escarba y horada en ella
que sacude las cosquillas
desmontando maravillas
de demonios que por nombre
son nombrados cabecillas;
realezas prolíficas,
políticas ensillas
afamadas de renombre.
Así es la vida que nos vendieron,
así es la noche oscura alba en ellos;
y aunque me estorbe,
si pudiera con mi estoque
no quedaba un credo en el alfaque,
credenciales miserables
de un recuerdo.
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