Esperando su respuesta…
En camino de manjares,
luciendo tus ansiedades y perversidades
amortajada por tú moral y conciencia…
En combate a la candidez,
como deidad del olimpo.
Quien te avala en los prejuicios,
desbaratando el concepto enamorado…
Sin confundirnos los dos con el libre gozo
o el mismo albedrío libidinoso,
en ese estigma candente de éxtasis.
Ante ella la presencia del cielo veo,
el clamor de las estrellas y las dulces uvas.
Intensidad y vida en sus fecundos ojos,
todo un tesoro de bondades y caricias,
junto a mi soberbio sigilo,
de queja y contemplación.
Elevados en virtud de paraíso
sin evitar la atracción voluptuosa.
¿Seremos capaces de anudarnos?
¿o sólo regocijarnos en el placer?
campanadas de sordo dolor,
esas cadenas celestes.
Ramiro Deladanza
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