El hidalgo navegante
Poeta recién llegado
Fuiste una rosa que al marchitar dejó una espina.
Primero, me ofreciste lo más dulce de tu vida.
Después, vino la espina. Y como despedida,
me ofreciste el amargo licor de tu cantina.
Primero, me ofreciste lo más dulce de tu vida.
Después, vino la espina. Y como despedida,
me ofreciste el amargo licor de tu cantina.
Me cubriste con tu luto aquella amanecida.
Tú, que para mí habías sido brisa marina;
dejaste el recuerdo de la caricia cansina,
en el amanecer del día de tu partida.
Tú, que para mí habías sido brisa marina;
dejaste el recuerdo de la caricia cansina,
en el amanecer del día de tu partida.
Apagaste mi luz, cuando llegaba a ser día.
De un sólo plumazo, tachaste el alma mía.
Aún me pregunto por qué, ¿qué de mi te encendía?
De un sólo plumazo, tachaste el alma mía.
Aún me pregunto por qué, ¿qué de mi te encendía?
¿Por qué te marchaste cuando aún te lamía?
Aquél amanecer de mi más amargo día.
Si por ti, hubiera dado esta vida mía.
Aquél amanecer de mi más amargo día.
Si por ti, hubiera dado esta vida mía.