Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Más allá de mi nariz el mundo es utopía
las voces son fantasmas que mueren de pasado,
las guerras son silencios
y un dolor olvidado.
Más allá de mi nariz
la realidad se esfuma
es mi latir el verbo
que todo lo resume
en la verdad perfecta
que a todo está cerrado.
Al mundo lo transforman mis párpados perplejos,
se vuelven paradigmas mis sueños libertarios;
y santo, el beneficio, del gran libre mercado.
Más allá, nada existe
no existen los imperios si me alimento a diario;
es falso el sufrimiento
si estamos festejando.
Más allá de mi nariz
se extingue tu horizonte
se me convierte en muro
frenando todo paso.
No hay un mundo de sombras
ni niños mendigando,
ni canto de hombres libres
su momento esperando...
Este mundo lo rige mi propio calendario
resuena en mi discurso (con el que me complazco)
voces de libertades de enmascarado enfado
mientras mis propios buitres devoran al osado.
Más allá de mi nariz
qué importa que los pueblos
se vistan de soldados
mientras mis horizontes
se encuentren resguardados.
Que se incendien las almas
de un odio inesperado,
que se vendan los pueblos
al imperio heredado
y se motive el nuevo
socialismo acuartelado.
Más allá de mi nariz
no se descubre el tiempo,
no existe madurez
no se piensa en legado;
porque...,
más allá de mi nariz...
mi mundo...,
se ha acabado.
las voces son fantasmas que mueren de pasado,
las guerras son silencios
y un dolor olvidado.
Más allá de mi nariz
la realidad se esfuma
es mi latir el verbo
que todo lo resume
en la verdad perfecta
que a todo está cerrado.
Al mundo lo transforman mis párpados perplejos,
se vuelven paradigmas mis sueños libertarios;
y santo, el beneficio, del gran libre mercado.
Más allá, nada existe
no existen los imperios si me alimento a diario;
es falso el sufrimiento
si estamos festejando.
Más allá de mi nariz
se extingue tu horizonte
se me convierte en muro
frenando todo paso.
No hay un mundo de sombras
ni niños mendigando,
ni canto de hombres libres
su momento esperando...
Este mundo lo rige mi propio calendario
resuena en mi discurso (con el que me complazco)
voces de libertades de enmascarado enfado
mientras mis propios buitres devoran al osado.
Más allá de mi nariz
qué importa que los pueblos
se vistan de soldados
mientras mis horizontes
se encuentren resguardados.
Que se incendien las almas
de un odio inesperado,
que se vendan los pueblos
al imperio heredado
y se motive el nuevo
socialismo acuartelado.
Más allá de mi nariz
no se descubre el tiempo,
no existe madurez
no se piensa en legado;
porque...,
más allá de mi nariz...
mi mundo...,
se ha acabado.
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