rodrigotoro
Poeta adicto al portal
No sé nuevamente cómo expresarlo,
quizás ni debiese, otra vez, sentirlo...
Pero aún yo te amo, debo decirlo
y el olvido a este amor no pudo derrotarlo.
La voz me tiembla cuando hablo,
como una hoja que vibra al viento;
O quizás el elixir del sufrimiento
ha dicho ya su último vocablo
pero el sol me parece más brillante,
y el perfume del cerezo, otra vez, magnetiza,
mientras su delicado candor se ruboriza
y sus pétalos juguetean en cualquier parte.
Y la noche, estrellada, me sonríe,
y su Selena soberana me observa relajada
al ver como mis pasos retoman su alborada
y el volcán del dolor de a poco se comprime.
De nuevo he recordado que puedo respirar,
y dejar obsoleta la soledad y sus caretas,
olvidadas y perdidas cual atroces marionetas
después de que el telón se termina de cerrar.
Y la luz floreciente entra en la ventana
derrotando con cañones de luminiscencia,
el llanto y su ciega y soez inclemencia
dejándome ver, así, un posible mañana
A lo lejos suenan campanas cadenciosas,
pero más resuena mi despertado corazón:
que durmió en un cajón sepultado en desolación
y ahora, ha recordado lo bello de las cosas
quizás ni debiese, otra vez, sentirlo...
Pero aún yo te amo, debo decirlo
y el olvido a este amor no pudo derrotarlo.
La voz me tiembla cuando hablo,
como una hoja que vibra al viento;
O quizás el elixir del sufrimiento
ha dicho ya su último vocablo
pero el sol me parece más brillante,
y el perfume del cerezo, otra vez, magnetiza,
mientras su delicado candor se ruboriza
y sus pétalos juguetean en cualquier parte.
Y la noche, estrellada, me sonríe,
y su Selena soberana me observa relajada
al ver como mis pasos retoman su alborada
y el volcán del dolor de a poco se comprime.
De nuevo he recordado que puedo respirar,
y dejar obsoleta la soledad y sus caretas,
olvidadas y perdidas cual atroces marionetas
después de que el telón se termina de cerrar.
Y la luz floreciente entra en la ventana
derrotando con cañones de luminiscencia,
el llanto y su ciega y soez inclemencia
dejándome ver, así, un posible mañana
A lo lejos suenan campanas cadenciosas,
pero más resuena mi despertado corazón:
que durmió en un cajón sepultado en desolación
y ahora, ha recordado lo bello de las cosas
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