Gabriel
Poeta fiel al portal
Amanéceme... casi turbio y pasajero en tu solemne día,
descubriendo del fugado rocío la deslealtad del perfume
enseñándote taciturnamente extravagante en colores tiesos,
desbordando casi inmutada de la tormenta de tu aliento.
Amanéceme... en los salones de tu esbelta trama carnal,
agitada inexorablemente de situaciones prohibidas por el karma,
mostrándote excelsa de conocidas humedades preanunciadas,
haciendo de tu misterio un santuario terrenal y esquivo.
Amanéceme... con testigos inocuos de dudoso proceder,
profundamente azorada ante el incumplimiento angelical,
entregándote signada de necesidades imploradas a la piel,
pecando premeditada y presurosa del advenimiento celestial.
Amanéceme... sin histerias primitivas de amores transcurridos,
desandando cada obstáculo que de los urgentes cuerpos surjan,
agobiando la tristeza, derrotada en solo un alba de tu vida pasajera,
derribando los muros que te separan del mandamiento al purgatorio
Amanéceme... para hacerte recuerdo en el umbral de mi ocaso,
postrándote entera de lamentos ridículos que ciegan susurros,
en cada posición lúdica, de longilineos escenarios ya reiterados,
pariendo de sosegadas ansias, el sublime instante de tu alma...
descubriendo del fugado rocío la deslealtad del perfume
enseñándote taciturnamente extravagante en colores tiesos,
desbordando casi inmutada de la tormenta de tu aliento.
Amanéceme... en los salones de tu esbelta trama carnal,
agitada inexorablemente de situaciones prohibidas por el karma,
mostrándote excelsa de conocidas humedades preanunciadas,
haciendo de tu misterio un santuario terrenal y esquivo.
Amanéceme... con testigos inocuos de dudoso proceder,
profundamente azorada ante el incumplimiento angelical,
entregándote signada de necesidades imploradas a la piel,
pecando premeditada y presurosa del advenimiento celestial.
Amanéceme... sin histerias primitivas de amores transcurridos,
desandando cada obstáculo que de los urgentes cuerpos surjan,
agobiando la tristeza, derrotada en solo un alba de tu vida pasajera,
derribando los muros que te separan del mandamiento al purgatorio
Amanéceme... para hacerte recuerdo en el umbral de mi ocaso,
postrándote entera de lamentos ridículos que ciegan susurros,
en cada posición lúdica, de longilineos escenarios ya reiterados,
pariendo de sosegadas ansias, el sublime instante de tu alma...
Última edición: