Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Dos gotas de mar se quejan,
con dos gotas de lágrimas,
dos hojas se mecen junto al viento de la madrugada
y dos sueños se nublan sabiendo un suspiro sin habla.
Dos líneas confluyen lejanas en el horizonte
y dos miradas se alejan extraviadas en el oleaje,
sobre las crestas conspiran cayendo la tarde,
repartiendo deseos olvidados y distantes.
Dos pétalos se burlan del frío incesante,
ríen enloquecidos por aspirar el último segundo,
sorprendiendo pupilas que hurgan impenetrables,
dentro de pestañas enmarañadas y equidistantes.
Dos gotas de rocío se baten
luchando por quedarse prendadas de tus labios
y sólo consiguen asirse a los soplos,
que ha decido aparearse sumergido en nuestros lagos.
Atar el tiempo con dos cintas azules,
es como se ha quedado prendada la noche,
conspiradora y risueña,
de haber cogido el dulce fruto mordido desde tu boca,
para dejarlo quieto por instantes entre las pupilas del tiempo.
Dos pares de ojos hacen guiños al nocturno señuelo,
de sabernos secretos y sabernos dispuestos,
despojándonos de atavíos y armaduras,
limitantes en el momento del dulce encanto,
de sabernos acariciados por dos gotas salinas,
que huyen raudas desde el sudor,
bebiéndonos el sosiego , en esta noche sin tregua
con dos gotas de lágrimas,
dos hojas se mecen junto al viento de la madrugada
y dos sueños se nublan sabiendo un suspiro sin habla.
Dos líneas confluyen lejanas en el horizonte
y dos miradas se alejan extraviadas en el oleaje,
sobre las crestas conspiran cayendo la tarde,
repartiendo deseos olvidados y distantes.
Dos pétalos se burlan del frío incesante,
ríen enloquecidos por aspirar el último segundo,
sorprendiendo pupilas que hurgan impenetrables,
dentro de pestañas enmarañadas y equidistantes.
Dos gotas de rocío se baten
luchando por quedarse prendadas de tus labios
y sólo consiguen asirse a los soplos,
que ha decido aparearse sumergido en nuestros lagos.
Atar el tiempo con dos cintas azules,
es como se ha quedado prendada la noche,
conspiradora y risueña,
de haber cogido el dulce fruto mordido desde tu boca,
para dejarlo quieto por instantes entre las pupilas del tiempo.
Dos pares de ojos hacen guiños al nocturno señuelo,
de sabernos secretos y sabernos dispuestos,
despojándonos de atavíos y armaduras,
limitantes en el momento del dulce encanto,
de sabernos acariciados por dos gotas salinas,
que huyen raudas desde el sudor,
bebiéndonos el sosiego , en esta noche sin tregua