Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
DOS CRISTALES
Dos cristales ahora nos separan.
Siempre nos aparta un estrecho dolor,
el solar que destiñe cierta veta de desgracia
sobre cosas que amamos,
que se pierden
bajo el sonar conspicuo de una veleta sin destino.
No es tu aire enharinado el que me abraza
sino el otro zumbido que pasa lerdo por mi sombra;
no es tu espejo quien deprime los horizontes,
es la espera, la lucha,
porque no estás,
no estarás uniendo nuestras almas.
Poder hablarte es imposible,
es más que una piedra flotando sobre el agua.
Mis palabras
tal vez no te llegan, ni te hayan,
envuelta entre remordimientos,
cruces prolijas,
encendidos aromas de selva.
Yo en la brizna como siempre triste
espero tu duro gesto resbalando mi garganta.
Suave, demora el tormento.
Por más que te ansíe, por más que espere,
dos cristales ahora nos separan.
Dos cristales ahora nos separan.
Siempre nos aparta un estrecho dolor,
el solar que destiñe cierta veta de desgracia
sobre cosas que amamos,
que se pierden
bajo el sonar conspicuo de una veleta sin destino.
No es tu aire enharinado el que me abraza
sino el otro zumbido que pasa lerdo por mi sombra;
no es tu espejo quien deprime los horizontes,
es la espera, la lucha,
porque no estás,
no estarás uniendo nuestras almas.
Poder hablarte es imposible,
es más que una piedra flotando sobre el agua.
Mis palabras
tal vez no te llegan, ni te hayan,
envuelta entre remordimientos,
cruces prolijas,
encendidos aromas de selva.
Yo en la brizna como siempre triste
espero tu duro gesto resbalando mi garganta.
Suave, demora el tormento.
Por más que te ansíe, por más que espere,
dos cristales ahora nos separan.
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