RAFAEL LEONARDO
Poeta recién llegado
Dejadme divagar por estas cuatro letras
aquello que se fue, pero que ser no quiso,
esta nostalgia blanca me abre la vista
haciéndome viajar a su plano infinito.
Qué honda está la noche, qué largos mis recuerdos,
esta nostalgia azul me está abriendo los ojos.
No vale divagar para ocultar la mente
sintiendo por estrellas ojos de gato rojos.
Oh Amor, Dios voluble, con tu tela de araña,
con tus certeras flechas, maquiavélico filtro,
cuanta entrega de alas, qué parpadeo el pecho,
qué trote el corazón, cuánta pasión el dicho.
Qué entrega desmayada, qué volar de cabellos,
qué mano virginal por mi cuerpo convicto,
qué alborozo en la sangre cuando se sabe vivo,
que verdad de sus labios volita por los míos.
Esta era la hora de atraerla a mis brazos,
esta era la hora del naufragio en el beso,
esta era la hora del rubor ignorado,
esta era la hora del arrebato inmerso.
Me querellé con nieblas y guiones de adagio,
conquisté su ternura en la flor de su boca,
me bebí su vehemencia y su pueril ternura,
a flor de piel,abrasando sus carnes en mi marea loca.
Y fue bendición santa y aquelarre diabólico,
y mi sed y su hambre por nuestro pudor roto,
milagro y condena en la cruz de sus brazos,
su alba y mi noche de garabatos rojos.
Pasa el tiempo y su máquina, y ata la vida al sueño.
La tuve entre mis brazos, cuanto la ame,
hoy divago mis letras, concreto su figura
en mis cóncavos brazos esta noche de guiños.
¿Cómo pudo un amor anidar tanta entrega?
¿Cómo pudo ese amor pasar a ser infinito?
La quise tanto y tanto y la querré mil veces
con la fuerza eruptiva de un amor comprimido.
aquello que se fue, pero que ser no quiso,
esta nostalgia blanca me abre la vista
haciéndome viajar a su plano infinito.
Qué honda está la noche, qué largos mis recuerdos,
esta nostalgia azul me está abriendo los ojos.
No vale divagar para ocultar la mente
sintiendo por estrellas ojos de gato rojos.
Oh Amor, Dios voluble, con tu tela de araña,
con tus certeras flechas, maquiavélico filtro,
cuanta entrega de alas, qué parpadeo el pecho,
qué trote el corazón, cuánta pasión el dicho.
Qué entrega desmayada, qué volar de cabellos,
qué mano virginal por mi cuerpo convicto,
qué alborozo en la sangre cuando se sabe vivo,
que verdad de sus labios volita por los míos.
Esta era la hora de atraerla a mis brazos,
esta era la hora del naufragio en el beso,
esta era la hora del rubor ignorado,
esta era la hora del arrebato inmerso.
Me querellé con nieblas y guiones de adagio,
conquisté su ternura en la flor de su boca,
me bebí su vehemencia y su pueril ternura,
a flor de piel,abrasando sus carnes en mi marea loca.
Y fue bendición santa y aquelarre diabólico,
y mi sed y su hambre por nuestro pudor roto,
milagro y condena en la cruz de sus brazos,
su alba y mi noche de garabatos rojos.
Pasa el tiempo y su máquina, y ata la vida al sueño.
La tuve entre mis brazos, cuanto la ame,
hoy divago mis letras, concreto su figura
en mis cóncavos brazos esta noche de guiños.
¿Cómo pudo un amor anidar tanta entrega?
¿Cómo pudo ese amor pasar a ser infinito?
La quise tanto y tanto y la querré mil veces
con la fuerza eruptiva de un amor comprimido.
Ella es mi luna con su corte de astros
tiritándome el cuerpo cuando no está conmigo.
tiritándome el cuerpo cuando no está conmigo.