iadra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Esparcida la noche como la arena dentro del reloj.
Desorientadas las estrellas dentro
de una cápsula nocturna.
Dos píldoras de esas antes de cerrar los ojos
y veo solamente soledades ajenas.
La mía es muy tímida. Muy ausente.
Constante y etérea.
Así que a veces espío por las azoteas
mirando sin discreción las desnudeces humanas.
La carne se trasparenta. Emergen las venas
como un mapa que me lleva hacia tu corazón.
¿Qué será si respiro dentro de el?
Indudablemente morirías por un soplo.
Espolvoreando el miedo, deliciosa cubierta
que resguarda al alma. Comerla por la pura gula
de dejarla expuesta. Esa piel blanda
vulnerable del espíritu.
¿A qué sabe la piel olvidada?
A polvo de noche.
Desorientadas las estrellas dentro
de una cápsula nocturna.
Dos píldoras de esas antes de cerrar los ojos
y veo solamente soledades ajenas.
La mía es muy tímida. Muy ausente.
Constante y etérea.
Así que a veces espío por las azoteas
mirando sin discreción las desnudeces humanas.
La carne se trasparenta. Emergen las venas
como un mapa que me lleva hacia tu corazón.
¿Qué será si respiro dentro de el?
Indudablemente morirías por un soplo.
Espolvoreando el miedo, deliciosa cubierta
que resguarda al alma. Comerla por la pura gula
de dejarla expuesta. Esa piel blanda
vulnerable del espíritu.
¿A qué sabe la piel olvidada?
A polvo de noche.