El reloj

kloot

Poeta recién llegado
Son las diez cincuenta,
y esta noche, como todas las demás,
las vueltas de esas agujas,
impunes del reloj,
no se detendrán,
por mas que yo,
siga con este penar,
varado ya, hace un año,
en el mismo lugar.

Desde hace tiempo ya,
el tiempo,
es lo único que siento progresar,
y parece que fue ayer,
que deje sobre tus pechos caer,
mi sangre al lagrimear,
cuando me sentía mal.

Recuerdo que nada importaba,
ni la plata, ni que íbamos a comer,
mi voluntad era grande,
y a pesar de mi querer,
tus sonrisa cómplice y la mía,
pareciera,
nunca volver a ver.

Recuerdas aquel cuarto de pensión,
no tenia mas que un tragaluz,
y cuando hacíamos el amor,
no podíamos evitar,
que aquel gimotear en nuestra habitación,
sonase tan fuerte y arrabalero.
que los vecinos,
al escuchar,
no vinieren a molestar.

Como pasa el tiempo, mi amor,
que es lo único que siento correr,
y mi alma inquieta,
que tu conoces bien,
ni los bares, ni la gente,
ni mi poesía cruel,
nada mi vida, nada en el mundo,
me puedes creer,
parece doblegar mi fe,
de volver a querer.

Y sin embargo lo nuestro fue ayer,
y esas mecánicas agujas del reloj,
nunca voltearan su dirección,
y volver a sentir,
todo aquello, que alguna vez sentí,
mi vida, sabes bien,
que pertenece al ayer,
que conformarme con volver,
seria igual, que vender la pasión,
o dejar de creer.
 
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EQUIPO DE MODERACIÓN
 
Última edición por un moderador:
Son las diez cincuenta,
y esta noche, como todas las demás,
las vueltas de esas agujas,
impunes del reloj,
no se detendrán,
por más que yo,
siga con este penar,
varado ya, hace un año,
en el mismo lugar.

Desde hace tiempo ya,
el tiempo,
es lo único que siento progresar,
y parece que fue ayer,
que deje sobre tus pechos caer,
mi sangre al lagrimear,
cuando me sentía mal.

Recuerdo que nada importaba,
ni la plata, ni qué íbamos a comer,
mi voluntad era grande,
y a pesar de mi querer,
tus sonrisa cómplice y la mía,
pareciera,
nunca volver a ver.

Recuerdas aquel cuarto de pensión,
no tenía más que un tragaluz,
y cuando hacíamos el amor,
no podíamos evitar,
que aquel gimotear en nuestra habitación,
sonase tan fuerte y arrabalero.
que los vecinos,
al escuchar,
no vinieren a molestar.

Cómo pasa el tiempo, mi amor,
que es lo único que siento correr,
y mi alma inquieta,
que tu conoces bien,
ni los bares, ni la gente,
ni mi poesía cruel,
nada mi vida, nada en el mundo,
me puedes creer,
parece doblegar mi fe,
de volver a querer.

Y sin embargo lo nuestro fue ayer,
y esas mecánicas agujas del reloj,
nunca voltearan su dirección,
y volver a sentir,
todo aquello, que alguna vez sentí,
mi vida, sabes bien,
que pertenece al ayer,
que conformarme con volver,
sería igual, que vender la pasión,
o dejar de creer.

El tiempo cruel, en este caso, parece no curar nada, cuando uno se abisma en este dolor tan propio del tango. Me gustó mucho el final y la insistencia en la comparación del paso del tiempo que abruma tanto como tu sentir.
Cariños
 

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