Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
El sin hogar.
El hombre dormido en el tren,
ambulante ser de la ciudad,
hambriento, sucio y apestoso.
Yo, sentado frente a él,
frenando la respiración,
lento sopor penetrante,
perdido en mi periódico.
Entra el mundo en cada parada
y mis ojos parten detrás de sus huellas,
se posa mi mirada en sus sombras,
y, de cuando en vez, comparto sus desdichas.
Entra el mundo y las jóvenes con sus sonrisas.
Mi mente divaga, mis ojos se avivan
y nuevamente se posan en la miserable figura
del hombre dormido.
Cae la tarde bajo tierra, la lectura me llama
y mi imaginación estalla,
¿Sabrán ellas que él es un príncipe?
Lo dudo. Sonrío a mi mismo,
porque yo sé que en la altas cornisas
hay palomas que lo saben...
El hombre dormido en el tren,
ambulante ser de la ciudad,
hambriento, sucio y apestoso.
Yo, sentado frente a él,
frenando la respiración,
lento sopor penetrante,
perdido en mi periódico.
Entra el mundo en cada parada
y mis ojos parten detrás de sus huellas,
se posa mi mirada en sus sombras,
y, de cuando en vez, comparto sus desdichas.
Entra el mundo y las jóvenes con sus sonrisas.
Mi mente divaga, mis ojos se avivan
y nuevamente se posan en la miserable figura
del hombre dormido.
Cae la tarde bajo tierra, la lectura me llama
y mi imaginación estalla,
¿Sabrán ellas que él es un príncipe?
Lo dudo. Sonrío a mi mismo,
porque yo sé que en la altas cornisas
hay palomas que lo saben...