Abierta, de inabarcable quietud y hondura viva,
la cabellera se mece en suspiros
bajo los almendros
que a jirones de flor brotan
por la tierra firme de la solana.
Y la caricia que enmudece por cada ola de pájaros
en los labios del horizonte
era el amor
y era más que un beso la lluvia de tu risa
toda desnuda
por el río de tus senos
y es sobre mí el color de tus ojos.
Luz y silencio se adosan
a la sombra del último sueño y es la boca,
un vaho de besos,
por donde estamos unidos
al gesto natal de la muerte.
la cabellera se mece en suspiros
bajo los almendros
que a jirones de flor brotan
por la tierra firme de la solana.
Y la caricia que enmudece por cada ola de pájaros
en los labios del horizonte
era el amor
y era más que un beso la lluvia de tu risa
toda desnuda
por el río de tus senos
y es sobre mí el color de tus ojos.
Luz y silencio se adosan
a la sombra del último sueño y es la boca,
un vaho de besos,
por donde estamos unidos
al gesto natal de la muerte.