Jesús Cáñez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Le dije al corazón hundido en mi trinchera
que hablara del valor de sus derroches
en las propicias madrugadas.
Me dijo: tonto, espera,
en estas noches
cargadas...
no.
que hablara del valor de sus derroches
en las propicias madrugadas.
Me dijo: tonto, espera,
en estas noches
cargadas...
no.
De pronto razoné: la gloria terminó.
La dama de esa luna dio la vuelta
hacia su gélida aventura.
Me dijo: se acabó
la fe resuelta,
impura...
¡gris!
La dama de esa luna dio la vuelta
hacia su gélida aventura.
Me dijo: se acabó
la fe resuelta,
impura...
¡gris!
Y yo que sostenía banderas del país
de aquellas renovadas maravillas
tan sólo me desanimé.
Amargo fue el anís.
Solas capillas.
¡No fue
luz!
de aquellas renovadas maravillas
tan sólo me desanimé.
Amargo fue el anís.
Solas capillas.
¡No fue
luz!
Última edición:
::
::