marya Jesús
Poeta que considera el portal su segunda casa
la frontera

Como siempre que vuelvo a mi tierra me emociono. Al llegar por la carretera, y ver el Peñón de Gibraltar, estandarte de mi niñez y adolescencia, mis lágrimas salen solas.
¡Que misterio era entonces para mí!. Se levantaba majestuoso y permanecía allí aislado, fuera de mi alcance. La Línea de la Concepción por aquí y el mar por allá y él en medio parecía reírse de mi curiosidad: ¡Rabia rabiña, aquí estoy, como siempre, pero tú no puedes pasar!
Solía mirarle desde el instituto Menéndez Tolosa en el que estudiaba. ¿Qué habrá alli? ¿Cómo serán sus calles? ¿Y sus habitantes. A veces, después de las clases, bajábamos a la playa y nos poníamos cerca de las alambradas retorcidas y llenas de pinchos, altas, que nos decían: ¡Alto! ¡Hasta aquí sólo! y la curiosidad aumentaba más y más.
Tardé muchos años en comprender,- La poca información que tenía era confusa y a la vez censurada.Total que no comprendía nada.
Cuando cumplí 15 años cerraron la frontera y mi padre se quedó sin trabajo: él trabajaba allí, en Gibraltar.
El gobierno le buscó un trabajo en Madrid, y aquí vinimos a parar todos: mis padres, mis hermanos y yo.
La primera vez que crucé la frontera, se desveló el enigma más grande de mi vida. Descubrí sus calles, la variedad de culturas, el cementerio con las lápidas escritas en inglés, el aeropuerto, los comercios de la calle Real, los monos, en fin como era de cerca aquella roca inmensa y cómo hacían casas en los sitios más insospechados para aprovechar el espacio. Pero lo que más me impresionó es que los Llanitos , los habitantes de Gibraltar, hablaban ingles y andaluz, si de repente te decían: Good morning y tú contestabas: bueno día se contagiaban de tu acento: Bueno dia ceñora, qué decea uzté comprá? Quiere ve argo enepeciá
Como siempre que puedo, este año volví. Cuando le ví a lo lejos ya no me decía: Rabia rabiña Entre mis lágrimas sentí que me daba la bienvenida y me estremecía más que otras veces, y es que, a pesar de todo, forma parte de mí, de mis raíces.Y además mi corazón no entiende de fronteras.

Como siempre que vuelvo a mi tierra me emociono. Al llegar por la carretera, y ver el Peñón de Gibraltar, estandarte de mi niñez y adolescencia, mis lágrimas salen solas.
¡Que misterio era entonces para mí!. Se levantaba majestuoso y permanecía allí aislado, fuera de mi alcance. La Línea de la Concepción por aquí y el mar por allá y él en medio parecía reírse de mi curiosidad: ¡Rabia rabiña, aquí estoy, como siempre, pero tú no puedes pasar!
Solía mirarle desde el instituto Menéndez Tolosa en el que estudiaba. ¿Qué habrá alli? ¿Cómo serán sus calles? ¿Y sus habitantes. A veces, después de las clases, bajábamos a la playa y nos poníamos cerca de las alambradas retorcidas y llenas de pinchos, altas, que nos decían: ¡Alto! ¡Hasta aquí sólo! y la curiosidad aumentaba más y más.
Tardé muchos años en comprender,- La poca información que tenía era confusa y a la vez censurada.Total que no comprendía nada.
Cuando cumplí 15 años cerraron la frontera y mi padre se quedó sin trabajo: él trabajaba allí, en Gibraltar.
El gobierno le buscó un trabajo en Madrid, y aquí vinimos a parar todos: mis padres, mis hermanos y yo.
La primera vez que crucé la frontera, se desveló el enigma más grande de mi vida. Descubrí sus calles, la variedad de culturas, el cementerio con las lápidas escritas en inglés, el aeropuerto, los comercios de la calle Real, los monos, en fin como era de cerca aquella roca inmensa y cómo hacían casas en los sitios más insospechados para aprovechar el espacio. Pero lo que más me impresionó es que los Llanitos , los habitantes de Gibraltar, hablaban ingles y andaluz, si de repente te decían: Good morning y tú contestabas: bueno día se contagiaban de tu acento: Bueno dia ceñora, qué decea uzté comprá? Quiere ve argo enepeciá
Como siempre que puedo, este año volví. Cuando le ví a lo lejos ya no me decía: Rabia rabiña Entre mis lágrimas sentí que me daba la bienvenida y me estremecía más que otras veces, y es que, a pesar de todo, forma parte de mí, de mis raíces.Y además mi corazón no entiende de fronteras.
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