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Bajo Las Alas

amormejia

Poeta veterano en el portal
el-quetzal.jpg

Cada mañana se estrellaba
en el vidrio de la ventana,
como en sinfonía dirigida en octava;
el canto del ruiseñor al sol engalana.


Resonaban de su garganta despertares,
que abrían los ojos haraganes
que bailoteaban en su rezago de pesares
sacudiendo la orquesta de mustios desganes.


De acompañamiento aleteaba un colibrí;
zumbando sus alas al viento mañanero
en percusión sobre flores del alma que descubrí
mojando sus cabelleras, en porvenir placentero.


En el jardín del alma, las dos aves decoraban
el paraje, dibujado bajo el ala de un Quetzal
que resguardaba minucioso lo que cantaban
a dúo con su acústico plumaje de tupido pastal.


El trío: ruiseñor, colibrí y quetzal;
que juntos decoraban el cielo invernal
nos regalan el concierto de esperanza de sus trinos invecibles
que soplan los despertares del espíritu y sus confines.


Hagamos pues de su canto una voz de esperanza...
 
Última edición:


Excelente poema, donde las vívidas imágenes,
acompañadas por el canto del ruiseñor
(porque el colibrí es mudo, y no he oido al Quetzal)
vibran en mi cabeza al momento que leo estas letras inspiradas.

Un gusto recorrer el camino de tus versos...


Saludos cordiales.
sig.gif

El Armador de Sonetos.
 
el-quetzal.jpg


Cada mañana se estrellaba
en el vidrio de la ventana,
como en sinfonía dirigida en octava;
el canto del ruiseñor que al sol engalana.


Resonaban de su garganta despertares,
que abrían los ojos haraganes
que bailoteaban en su rezago de pesares
sacudiendo la orquesta de mustios desganes.


De acompañamiento aleteaba un colibrí;
zumbando sus alas al viento mañanero
en percusión sobre flores del alma que descubrí
mojando sus cabelleras, en porvenir placentero.


En el jardín del alma, las dos aves decoraban
el paraje, dibujado bajo el ala de un Quetzal
que resguardaba minucioso lo que cantaban
a dúo con su acústico plumaje de tupido pastal.


El trío: ruiseñor, colibrí y quetzal;
que juntos decoraban el cielo invernal
nos regalan el concierto de esperanza de sus trinos invencibles
que soplan los despertares del espíritu y sus confines.



Hagamos pues de su canto una voz de esperanza...



Hagamos pues de su canto una voz de esperanza...


Es la mejor forma de empezar el día, con su canto e iniciar la mañana llenos de esperanza.

La vida podría ser más bonita, solo que nos lo propusiéramos,

figúrate todo lo que a ti te hizo gozar un pequeño pajarillo.

Buen poema de un buen poeta.

Aplausos y estrellas.

Besos, Lola.

 
Excelente poema, donde las vívidas imágenes,
acompañadas por el canto del ruiseñor
(porque el colibrí es mudo, y no he oido al Quetzal)
vibran en mi cabeza al momento que leo estas letras inspiradas.

Un gusto recorrer el camino de tus versos...


Saludos cordiales.
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El Armador de Sonetos.

Mi buen amigo Angel,
Un gran honor que te hallas detenido en mi escrito. Pues quisiera contarte que el colibrí si tiene un canto no muy común y yo si lo he escuchado, es un canto muy fino... Bueno, encantado con tu visita y comentario.
 
Un trino abierto para la música que el corazón necesita.
Gracias por invitarme a acudir a estos versos, poeta. Un beso,:::hug:::
 
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Cada mañana se estrellaba
en el vidrio de la ventana,
como en sinfonía dirigida en octava;
el canto del ruiseñor que al sol engalana.


Resonaban de su garganta despertares,
que abrían los ojos haraganes
que bailoteaban en su rezago de pesares
sacudiendo la orquesta de mustios desganes.


De acompañamiento aleteaba un colibrí;
zumbando sus alas al viento mañanero
en percusión sobre flores del alma que descubrí
mojando sus cabelleras, en porvenir placentero.


En el jardín del alma, las dos aves decoraban
el paraje, dibujado bajo el ala de un Quetzal
que resguardaba minucioso lo que cantaban
a dúo con su acústico plumaje de tupido pastal.


El trío: ruiseñor, colibrí y quetzal;
que juntos decoraban el cielo invernal
nos regalan el concierto de esperanza de sus trinos invecibles
que soplan los despertares del espíritu y sus confines.


Hagamos pues de su canto una voz de esperanza...

Formidable trío... y ni que decir de tan bellos versos... realzando el espíritu!
Siempre un placer sera leer tus obras, mis aplausos, estrellas y buenas vibras desde Ecuador!!!
 
Hermosas versos que danzan al compás de las apacibles imágenes que pintaste, es un placer enorme leerte querido amigo.
abrazos fuertes.
:::hug:::
 
hermosas letras a este bello trío y en especial al quetzal que representa tanto por estas tierras,
un fuerte abrazo,
silvia
 
Hermosos versos mí estimado amigo
Que danzan al compás de cada letras de tu escrito
Placer leerte
 
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Cada mañana se estrellaba
en el vidrio de la ventana,
como en sinfonía dirigida en octava;
el canto del ruiseñor que al sol engalana.


Resonaban de su garganta despertares,
que abrían los ojos haraganes
que bailoteaban en su rezago de pesares
sacudiendo la orquesta de mustios desganes.


De acompañamiento aleteaba un colibrí;
zumbando sus alas al viento mañanero
en percusión sobre flores del alma que descubrí
mojando sus cabelleras, en porvenir placentero.


En el jardín del alma, las dos aves decoraban
el paraje, dibujado bajo el ala de un Quetzal
que resguardaba minucioso lo que cantaban
a dúo con su acústico plumaje de tupido pastal.


El trío: ruiseñor, colibrí y quetzal;
que juntos decoraban el cielo invernal
nos regalan el concierto de esperanza de sus trinos invecibles
que soplan los despertares del espíritu y sus confines.



Hagamos pues de su canto una voz de esperanza...


Un bello poema a la esperanza.
Un saludo muy cordial.
 
Amigo...

Canten o no canten
tus versos
son la guia perfecta
osada sinfonía.

Bien por tu obra, enfoque y contenido muy bien logrados, hace de su lectura un deleite.

Un abrazo y saludos...
 
Hermosos versos, amigo...belleza de un entorno llamado, naturaleza, maestra universal en el sendero de ser...de mi entero gusto recorrer tus valiosos versos....mis estrellas
 
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Cada mañana se estrellaba
en el vidrio de la ventana,
como en sinfonía dirigida en octava;
el canto del ruiseñor que al sol engalana.


Resonaban de su garganta despertares,
que abrían los ojos haraganes
que bailoteaban en su rezago de pesares
sacudiendo la orquesta de mustios desganes.


De acompañamiento aleteaba un colibrí;
zumbando sus alas al viento mañanero
en percusión sobre flores del alma que descubrí
mojando sus cabelleras, en porvenir placentero.


En el jardín del alma, las dos aves decoraban
el paraje, dibujado bajo el ala de un Quetzal
que resguardaba minucioso lo que cantaban
a dúo con su acústico plumaje de tupido pastal.


El trío: ruiseñor, colibrí y quetzal;
que juntos decoraban el cielo invernal
nos regalan el concierto de esperanza de sus trinos invecibles
que soplan los despertares del espíritu y sus confines.



Hagamos pues de su canto una voz de esperanza...





Mucho rítmo, y bellas imágenes de verdes vuelos y natural esperanza, un abrazo
 
BUeno Amigo Mejia un buen trio de alados cantarines, si el ser humano
adaptara su mentalidad mas a la naturaleza creo que todo sería diferente... placer saludar tan versatil pluma...
 
Un hermoso canto de esperanza al cual me uno... Preciosas imágenes nos regalas mi querido amigo.
Un placer recorrer tan extraordinaria obra.
Un abrazo y mis estrellas desde mi bella tierra.
 

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