Como todas las rotas margaritas

cipres1957

Poeta veterano en el portal
He visto al amor rondando en los parques,
entrelazados, ausentes, como si nada importase;
lo vi resuelto a someter cuerpos,
reducirlos a pieles desnudas,
osadamente desnudas.
Se arrastraba tras los árboles,
se dejaba llevar en andas,
esperaba en cuclillas
o mansamente se abandonaba en la hierba;
chorreaba estaciones, cualquiera, todas juntas.

Florecía en tréboles mentolados,
entre piernas de enredaderas,
en senos rosados como la juvenil vergüenza
que ausente se desprendía de pudores
sobre la grama o sobre otro cuerpo verde,
verde de besos, de colibríes alborotados
sorbiendo polen fresco.

Lo he visto refugiarse en la sangre del fuego
transpirando aromas,
alelado de axilas dormirse luego, relajarse
y volver a ser cómplices rubores.

Y he visto un amor atardecer,
refugiarse absorto entre distancias, sin laureles ni boletos,
subyaciendo en la gris mansedumbre de los días
como la noche que inevitablemente nace
para morir en silencio,
como las rotas margaritas.
 
Última edición:
Hola, muy buenas visiones del amor, en diversos momentos y espacios. Cuando el amor muere, las margaritas se marchitan. Saludos
¡SONRIE!
 
Muy hermoso y aleccionador poema sobre las diferentes formas en que se presenta el amor, muy bellas metáforas. Un placer pasar. Abrazos y estrellas.
 
No sé por qué ese amor atardeciendo me empezó a oler a otoño, a hoja seca mecida por el viento y bañada con la lluvia de los ojos; me supo a nostalgia presente y melancolía en puertas.
Hermosa poesía, querido Dann, una paleta de amores que, como un gran pintor, plasmas en el lienzo del alma.
Besotes y abrazos,
Chiqui.-

P.D.: Te dejo estrellitas y reputación! Un placer leerte. Jejejejeje!
 
He visto el amor rondando los parques,
entrelazados ausentes, como si nada importase;
lo vi resuelto a someter cuerpos,
reducirlos a pieles desnudas,
osadamente desnudas.
Se arrastraba tras los árboles,
se dejaba llevar en andas, en cuclillas
o mansamente caer en la hierba;
chorreaba estaciones, cualquiera, todas juntas.

Florecía en tréboles mentolados,
entre piernas de enredaderas, senos rosados,
rosados como la juvenil vergüenza
que ausente se desprendía de pudores
sobre la hierba o sobre otro cuerpo verde,
verde de besos, de colibríes alborotados
sorbiendo polen fresco.

Lo he visto refugiarse en la sangre del fuego
transpirando aromas,
alelado de axilas dormirse luego, relajarse
y volver a ser pudores cómplices.

Y he visto un amor atardecer,
refugiarse absorto entre distancias, sin laureles ni boletos;
subyaciendo en la gris mansedumbre de los días
como la noche que inevitablemente nace
para morir en silencio;
como todas las rotas margaritas.

A veces se requiere de vivir dos vidas; la primera, para vivirla y la segunda para dar un fiel testimonio de ella. Hay mucha sensibilidad en todo aquello que has visto. Saludos cordiales para ti.
 
Qué decirte, un poema que disfruté verso a verso, con toda esa dulce melancolía, con todo ese sentir que produce el amor que tantas veces vemos nacer y morir en la vida, que tantas veces se nos niega y tantas veces entra a nuestra casa sin siquiera golpear la puerta.
Unos versos llenos de sensibilidad, llenos de la vida misma.
Un abrazo desde patagonia.
 
He visto el amor rondando los parques,
entrelazados ausentes, como si nada importase;
lo vi resuelto a someter cuerpos,
reducirlos a pieles desnudas,
osadamente desnudas.
Se arrastraba tras los árboles,
se dejaba llevar en andas, en cuclillas
o mansamente caer en la hierba;
chorreaba estaciones, cualquiera, todas juntas.

Florecía en tréboles mentolados,
entre piernas de enredaderas, senos rosados,
rosados como la juvenil vergüenza
que ausente se desprendía de pudores
sobre la hierba o sobre otro cuerpo verde,
verde de besos, de colibríes alborotados
sorbiendo polen fresco.

Lo he visto refugiarse en la sangre del fuego
transpirando aromas,
alelado de axilas dormirse luego, relajarse
y volver a ser pudores cómplices.

Y he visto un amor atardecer,
refugiarse absorto entre distancias, sin laureles ni boletos;
subyaciendo en la gris mansedumbre de los días
como la noche que inevitablemente nace
para morir en silencio;
como todas las rotas margaritas.
Qué forma tan sublime de ver discurrir las instancias del amor....van todas mis estrellas...... Bellísimo, Daniel. Mis felicitaciones.
 
He visto el amor rondando los parques,
entrelazados ausentes, como si nada importase;
lo vi resuelto a someter cuerpos,
reducirlos a pieles desnudas,
osadamente desnudas.
Se arrastraba tras los árboles,
se dejaba llevar en andas, en cuclillas
o mansamente caer en la hierba;
chorreaba estaciones, cualquiera, todas juntas.

Florecía en tréboles mentolados,
entre piernas de enredaderas, senos rosados,
rosados como la juvenil vergüenza
que ausente se desprendía de pudores
sobre la hierba o sobre otro cuerpo verde,
verde de besos, de colibríes alborotados
sorbiendo polen fresco.

Lo he visto refugiarse en la sangre del fuego
transpirando aromas,
alelado de axilas dormirse luego, relajarse
y volver a ser pudores cómplices.

Y he visto un amor atardecer,
refugiarse absorto entre distancias, sin laureles ni boletos;
subyaciendo en la gris mansedumbre de los días
como la noche que inevitablemente nace
para morir en silencio;
como todas las rotas margaritas.

A veces, en el espacio sin ventanas, contemplamos un amor atardecer... Otra vez!



Aplausos a tu escrito, amigo

Saludos
 
No sé por qué ese amor atardeciendo me empezó a oler a otoño, a hoja seca mecida por el viento y bañada con la lluvia de los ojos; me supo a nostalgia presente y melancolía en puertas.
Hermosa poesía, querido Dann, una paleta de amores que, como un gran pintor, plasmas en el lienzo del alma.
Besotes y abrazos,
Chiqui.-

P.D.: Te dejo estrellitas y reputación! Un placer leerte. Jejejejeje!

Mi nostalgia siempre vive en presente y la melancolía debajo de mi almohada.

Gracias mi dulce Chiqui. Besos y abrazos che.

Dann
 
sentidas y hirientes letras poeta, muy grato leerle
He visto el amor rondando los parques,
entrelazados ausentes, como si nada importase;
lo vi resuelto a someter cuerpos,
reducirlos a pieles desnudas,
osadamente desnudas.
Se arrastraba tras los árboles,
se dejaba llevar en andas, en cuclillas
o mansamente caer en la hierba;
chorreaba estaciones, cualquiera, todas juntas.

Florecía en tréboles mentolados,
entre piernas de enredaderas, senos rosados,
rosados como la juvenil vergüenza
que ausente se desprendía de pudores
sobre la hierba o sobre otro cuerpo verde,
verde de besos, de colibríes alborotados
sorbiendo polen fresco.

Lo he visto refugiarse en la sangre del fuego
transpirando aromas,
alelado de axilas dormirse luego, relajarse
y volver a ser pudores cómplices.

Y he visto un amor atardecer,
refugiarse absorto entre distancias, sin laureles ni boletos;
subyaciendo en la gris mansedumbre de los días
como la noche que inevitablemente nace
para morir en silencio;
como todas las rotas margaritas.
 
hermoso y envidiable poder conocer el amor de tantas maneras.
besos y estrellas miles (si se pudiera, te conformas con 5?)
 
Un poema que además de poseer una gran belleza, tiene el sello de un pluma que adiciona magia y sentimiento. Esas fases o estaciones del amor tatuan en el pecho cosas que jamás se olvidan y permiten interpretar esos sentimientos universales relacionadas que lo alimentan o desangran y sabes, hermano, decirlo en forma magistral. Abrazos sinceros y sin duda mil estrellas poeta.
 
Qué decirte, un poema que disfruté verso a verso, con toda esa dulce melancolía, con todo ese sentir que produce el amor que tantas veces vemos nacer y morir en la vida, que tantas veces se nos niega y tantas veces entra a nuestra casa sin siquiera golpear la puerta.
Unos versos llenos de sensibilidad, llenos de la vida misma.
Un abrazo desde patagonia.


Gracias Tavo por tu exquisito comentario y por el tiempo que te tomaste para brindármelo.

Un abrazo.
 

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