Tamar
Poeta adicto al portal
Hay muertes momentáneas,
algunas son bonitas,
como el momento previo al sueño,
con aquella sonrisa que no es de este mundo,
con el abrazo al calor de otras mañanas,
mañanas de otros.
Está también la muerte fría,
aquella que se da cuando suspiras,
y cierra los ojos por un sentimiento ausente,
durante varios segundos del no-presente.
También está la posibilidad de morir de risa,
donde a veces si se cumplen ciertos requisitos,
se llega a tener hoyuelos que atornillan suavemente las mejillas,
y se unen en tu garganta, tejiendo una trenza hasta tu barriga.
Está la muerte anunciada,
muy similar al número de algunos actores,
llegan y caen a pocos centímetros del telón,
pero con unos pocos aplausos les basta
para levantarse y seguir estudiando flores.
Pero está la muerte por falta de sonrisas verdaderas,
por la costumbre a llorar solo bajo lluvia, o regaderas,
y es quizás, la única realmente peligrosa.
Puede llegar a durar horas,
meses, o años.
Es la muerte de la espera,
es la muerte sola,
esa que a te produce asco a tus propios pasos,
esa que te conoce tan poco, y le basta tanto,
igual que un actor que no escuchó los aplausos.
algunas son bonitas,
como el momento previo al sueño,
con aquella sonrisa que no es de este mundo,
con el abrazo al calor de otras mañanas,
mañanas de otros.
Está también la muerte fría,
aquella que se da cuando suspiras,
y cierra los ojos por un sentimiento ausente,
durante varios segundos del no-presente.
También está la posibilidad de morir de risa,
donde a veces si se cumplen ciertos requisitos,
se llega a tener hoyuelos que atornillan suavemente las mejillas,
y se unen en tu garganta, tejiendo una trenza hasta tu barriga.
Está la muerte anunciada,
muy similar al número de algunos actores,
llegan y caen a pocos centímetros del telón,
pero con unos pocos aplausos les basta
para levantarse y seguir estudiando flores.
Pero está la muerte por falta de sonrisas verdaderas,
por la costumbre a llorar solo bajo lluvia, o regaderas,
y es quizás, la única realmente peligrosa.
Puede llegar a durar horas,
meses, o años.
Es la muerte de la espera,
es la muerte sola,
esa que a te produce asco a tus propios pasos,
esa que te conoce tan poco, y le basta tanto,
igual que un actor que no escuchó los aplausos.