Pablo Beneventano
Poeta recién llegado
Hemos perdido quizás
la aventura de mirarnos
a los ojos,
una gota de luz,
un destello en el cielo.
O los latidos
de nuestro corazón,
que palpitaba en nuestras almas
vacías entonces.
Y ahora el invierno
pasa sobre nosotros,
la lejanía le pone
un letargo a las emociones;
sin ocasos para tocarnos
sin mañanas dulcemente
perfumadas,
están ahumadas las caricias
resecos los labios;
¡vieja la manta que nos desvelaba
en noches ricamente estrelladas!
No quiero los besos incumplidos,
los cuerpos inertes,
el suplicio del deseo abrupto;
quiero la lluvia fiel,
la que cure las heridas;
entonces morirme a tus pies
como aquella vez
que te regalé un ramo
de bondades y diamantes.
P.B.
la aventura de mirarnos
a los ojos,
una gota de luz,
un destello en el cielo.
O los latidos
de nuestro corazón,
que palpitaba en nuestras almas
vacías entonces.
Y ahora el invierno
pasa sobre nosotros,
la lejanía le pone
un letargo a las emociones;
sin ocasos para tocarnos
sin mañanas dulcemente
perfumadas,
están ahumadas las caricias
resecos los labios;
¡vieja la manta que nos desvelaba
en noches ricamente estrelladas!
No quiero los besos incumplidos,
los cuerpos inertes,
el suplicio del deseo abrupto;
quiero la lluvia fiel,
la que cure las heridas;
entonces morirme a tus pies
como aquella vez
que te regalé un ramo
de bondades y diamantes.
P.B.
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