carlos enrique gomez vega
Poeta recién llegado
-2-
Hay voces del pasado que atenazan el alma
como aullidos de lobo desde oteros distantes,
el corazon humano como el hierro fundido
es solo moldeable entre martillo y yunque.
Inclinado en la vereda, en la senda del tiempo,
recojo un mes de enero y lo guardo en mi mochila,
cuando otro invierno pasa cencellando mi testa,
aguardo en las cunetas de la vida tu nombre.
Hay voces del pasado que atenazan el alma
como aullidos de lobo desde oteros distantes,
el corazon humano como el hierro fundido
es solo moldeable entre martillo y yunque.
Inclinado en la vereda, en la senda del tiempo,
recojo un mes de enero y lo guardo en mi mochila,
cuando otro invierno pasa cencellando mi testa,
aguardo en las cunetas de la vida tu nombre.