emuletero
Poeta veterano en el portal
Mirada perdida ante su espejo desvencijado,
no ve su rostro limpio de cicatrices
que la vida le ha ido marcando.
Un fantasma reflejado
de cuerpo inerte,
un ser desaliñado,
más decrépito su semblante
que el paso de su verdadero tiempo.
Se pasa la mano rugosa
por el maxilar inferior,
se toca con los dedos su rostro entero;
ojos, pómulos, frente.....
no se reconoce,
no sabe a quién tiene enfrente.
Tanto estropicio han hecho las drogas
unidas a grandes cantidades de alcohol barato
que ahora se siente un ser inservible,
desechable,
a quien todo el mundo puede manejar,
maldecir, emborrachar, escupir,
un desecho ultrajable.
Siente todo el infierno en su yo interno
no hace falta avernos y demonios extranjeros,
todos los lleva dentro de si misma
intentando explotarla en la miseria más ruin,
llevándola hacia la demencia más cruel;
el abismo y la vorágine de su existencia
la no-vida,
el no-ser,
la nada como penitencia.
Su conciencia le da mordiscos,
sus neuronas descargas sintientes,
su corazón juega a pararse
jugando con el tic-tac del tiempo,
siendo sus demás órganos vitales
una amalgama de barro arcilloso,
en manos de un cerebro comatoso.
Y así pasa como una sombra su existir
casi invisible para el resto de la sociedad,
como un fantasma entre fantasmas...
hasta que algún ente biológico
(por llamarles de alguna manera)
decide apiadarse de ella
siempre que esté dispuesta a tal acto,
y en algún buen lugar de desintoxicación
pueda escupir sus demonios,
sus pegajosas lapas mentales,
sus trastornos psicológicos,
y recuperar su autoestima,
perdida en lúgubres recovecos existenciales.
Solo es un pequeño esbozo
de las verdaderas y terribles experiencias
que sufren estos seres con estas dolencias,
empezando como una simple fumada de experiencia
y terminando en los sargazos de la incomprensión,
del odio y la demencia.
no ve su rostro limpio de cicatrices
que la vida le ha ido marcando.
Un fantasma reflejado
de cuerpo inerte,
un ser desaliñado,
más decrépito su semblante
que el paso de su verdadero tiempo.
Se pasa la mano rugosa
por el maxilar inferior,
se toca con los dedos su rostro entero;
ojos, pómulos, frente.....
no se reconoce,
no sabe a quién tiene enfrente.
Tanto estropicio han hecho las drogas
unidas a grandes cantidades de alcohol barato
que ahora se siente un ser inservible,
desechable,
a quien todo el mundo puede manejar,
maldecir, emborrachar, escupir,
un desecho ultrajable.
Siente todo el infierno en su yo interno
no hace falta avernos y demonios extranjeros,
todos los lleva dentro de si misma
intentando explotarla en la miseria más ruin,
llevándola hacia la demencia más cruel;
el abismo y la vorágine de su existencia
la no-vida,
el no-ser,
la nada como penitencia.
Su conciencia le da mordiscos,
sus neuronas descargas sintientes,
su corazón juega a pararse
jugando con el tic-tac del tiempo,
siendo sus demás órganos vitales
una amalgama de barro arcilloso,
en manos de un cerebro comatoso.
Y así pasa como una sombra su existir
casi invisible para el resto de la sociedad,
como un fantasma entre fantasmas...
hasta que algún ente biológico
(por llamarles de alguna manera)
decide apiadarse de ella
siempre que esté dispuesta a tal acto,
y en algún buen lugar de desintoxicación
pueda escupir sus demonios,
sus pegajosas lapas mentales,
sus trastornos psicológicos,
y recuperar su autoestima,
perdida en lúgubres recovecos existenciales.
Solo es un pequeño esbozo
de las verdaderas y terribles experiencias
que sufren estos seres con estas dolencias,
empezando como una simple fumada de experiencia
y terminando en los sargazos de la incomprensión,
del odio y la demencia.
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