iadra
Poeta que considera el portal su segunda casa
En el hondo vino de tus ojos
se ahogan las horas más cuerdas.
Las palabras se aferran a las muñecas,
y en la piel cosida por tus labios
viene a romperse la Luna
en mil vueltas.
¡Ah tus besos desnucados, sin bisagras!
Sin el temor sanguíneo,
con las ganas erectas.
Con tus brazos lánguidos y transmutados
viene la noche violeta,
abre la deseosa luz, el tiempo
se resbala por tu vientre,
lame mis manos,
atrapa un suspiro, lo revienta
en grito
en gemido.
Se estaciona en la base de tu carne
para comer de la noche
raíz y flor,
fruta y carnada.
se ahogan las horas más cuerdas.
Las palabras se aferran a las muñecas,
y en la piel cosida por tus labios
viene a romperse la Luna
en mil vueltas.
¡Ah tus besos desnucados, sin bisagras!
Sin el temor sanguíneo,
con las ganas erectas.
Lagunas abiertas,
agua del silencio, turbia
inocencia pérfida.
agua del silencio, turbia
inocencia pérfida.
Con tus brazos lánguidos y transmutados
viene la noche violeta,
abre la deseosa luz, el tiempo
se resbala por tu vientre,
lame mis manos,
atrapa un suspiro, lo revienta
en grito
en gemido.
Se estaciona en la base de tu carne
para comer de la noche
raíz y flor,
fruta y carnada.
Última edición:
::