Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
Esperé una inspiración, en este verano Santiaguino,
con tanto sol no podía ver Surrealismo, ni espejos raros,
ni rincones con estertores, que se estremecieran al ver una cara fea,
una cara con rostro de rudas cifras callejeras, con nombres de dinero,
con sorna, con Lorna con quien tuve un amor de 24 horas,
en fín, no podía sacar nada raro ni oculto con tanto sol,
así que imaginé personas camino a la escuela,
alumnos camino a la oficina, repletos de reuniones y juntas y acciones,
temibles industrias repletas de niños, productos y bienes,
entonces vi camiones con choferes adolescentes,
con cigarrillos en la boca, mirando mujeres con soles en los ojos,
y miembros endurecidos vi muchachas al frente de naciones,
regidas por ciclones de niños gritando que produjeran más los mayores,
aquellos niños grandes malignos y distantes,
vi infinidad de pensantes transeúntes adultos, vetustos,
que esperaban la micro conducida por la pequeña Alicia, de 8 años,
o el Metro que tenía tantas ventanillas como pequeñas cambiaban dinero,
cargaban celulares,
dirigían relaciones públicas de supermercados y noticieros,
y los adultos ya no eran pendencieros,
eran calmnos señores que pedían mamaderas y cunas y juguetes,
eso vi,
muchas caras, muchos ojos repletos de estrellas,
pero en adultos sonrientes, como esos niños que ahora llenaban asfalto,
gritaban al automóvil y micro de adelante que se corriera,
que llegaban tarde a la pega,
al trabajo,
a la oficina,
al matadero.
con tanto sol no podía ver Surrealismo, ni espejos raros,
ni rincones con estertores, que se estremecieran al ver una cara fea,
una cara con rostro de rudas cifras callejeras, con nombres de dinero,
con sorna, con Lorna con quien tuve un amor de 24 horas,
en fín, no podía sacar nada raro ni oculto con tanto sol,
así que imaginé personas camino a la escuela,
alumnos camino a la oficina, repletos de reuniones y juntas y acciones,
temibles industrias repletas de niños, productos y bienes,
entonces vi camiones con choferes adolescentes,
con cigarrillos en la boca, mirando mujeres con soles en los ojos,
y miembros endurecidos vi muchachas al frente de naciones,
regidas por ciclones de niños gritando que produjeran más los mayores,
aquellos niños grandes malignos y distantes,
vi infinidad de pensantes transeúntes adultos, vetustos,
que esperaban la micro conducida por la pequeña Alicia, de 8 años,
o el Metro que tenía tantas ventanillas como pequeñas cambiaban dinero,
cargaban celulares,
dirigían relaciones públicas de supermercados y noticieros,
y los adultos ya no eran pendencieros,
eran calmnos señores que pedían mamaderas y cunas y juguetes,
eso vi,
muchas caras, muchos ojos repletos de estrellas,
pero en adultos sonrientes, como esos niños que ahora llenaban asfalto,
gritaban al automóvil y micro de adelante que se corriera,
que llegaban tarde a la pega,
al trabajo,
a la oficina,
al matadero.