Villada Mauricio
Poeta adicto al portal
El humo de un ayer tardío
buscando acariciar mis lágrimas en la noche.
Como un cáncer de soledad
tu ausencia toma mi cuerpo sin resplandor.
La oscuridad se vierte poderosa
y roza mi dolor con sus hilos de neón.
Las aceras enceradas de sombras
congelan el pasado en cada baldosa hueca.
La noche es de los ciegos
que me ayudan a cruzar los horizontes muertos
al final de un cordón de aguas infinitas y sucias.
Los cigarrillos cabalgan amargos
por las frías comisuras de mis labios secos.
Los portales llenos de silencio
me abrazan con el fragor del vínculo vacío.
Las calles son un oráculo doliente
y me voy dejando llevar por el misterio
que encierran estos laberintos que adornan tu nombre.
Soy frágil sobre los charcos,
sobre los ruidos, sobre las plazas
de estatuas vencidas, sobre las mesas
en bares atestados de multitudes desconocidas.
Me he vuelto débil sobre mí mismo
y raspan mi piel estas arenas asesinas del tiempo
que llueven en suave y eterna noche
sobre el final de mis pasos.
buscando acariciar mis lágrimas en la noche.
Como un cáncer de soledad
tu ausencia toma mi cuerpo sin resplandor.
La oscuridad se vierte poderosa
y roza mi dolor con sus hilos de neón.
Las aceras enceradas de sombras
congelan el pasado en cada baldosa hueca.
La noche es de los ciegos
que me ayudan a cruzar los horizontes muertos
al final de un cordón de aguas infinitas y sucias.
Los cigarrillos cabalgan amargos
por las frías comisuras de mis labios secos.
Los portales llenos de silencio
me abrazan con el fragor del vínculo vacío.
Las calles son un oráculo doliente
y me voy dejando llevar por el misterio
que encierran estos laberintos que adornan tu nombre.
Soy frágil sobre los charcos,
sobre los ruidos, sobre las plazas
de estatuas vencidas, sobre las mesas
en bares atestados de multitudes desconocidas.
Me he vuelto débil sobre mí mismo
y raspan mi piel estas arenas asesinas del tiempo
que llueven en suave y eterna noche
sobre el final de mis pasos.
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