Jeison
Poeta fiel al portal
La rebeldía es hija de la experiencia
Leonardo Da Vinci
Llegó el invierno, fantasmagórico.
Sujeto a la estúpida cueva del muerto,
insultado los pobres, el bienestar del prójimo
entre los ebrios ramales del vino.
Aquí vinieron a parar los desventurados,
los frailes títeres con sus rostros
entre la nuca del fuego, acribillados
hasta los huesos por no beber el jugo pálido.
Tinteros de gota ciega, subiendo
por las carnicerías, emanando pan naufragante;
en la calle el duelo, en la casa el hambre
¿dónde están los vestidos de santos?
Este es el hogar de los discapacitados,
la antesala siniestra de aquellos verdugos
que han comido del banquete divino:
A mí no me gustó, lo vomité, le tracé
pequeñas corrientes de orina, saliva infernal
en la ápice de la cereza de oro; postre
de oraciones excelsas, ¡qué desperdicio!
Allí había diamantes congelados, líquido
de pulpa de pera, alimentos bendecidos por Dios.
Me llegó a la cabeza el rostro del papa
y todo su concilio ecuménico para Vaticano II.
Me llegó la ira a los ojos, la palabra a la boca
aunque estaba condenado a hacer el bien:
Me llegó el vómito y la oración que no conocía.
Vosotros que estáis aquí: ¡Mirad lo que ha pasado!
Mirad mi brazo roto, enfurecido hasta el océano
por no haber sujetado la copa olímpica; migraña
de todos los malhechores que ensalzan el miedo.
He llegado aquí, pero estoy feliz:
Amargado, furioso, pero feliz al fin y al cabo.
Sintiendo en mi cuello la cola del diablo,
las cenizas de mi suspiro: pero feliz al fin y al cabo.
No me importa: Soy rebelde. No me importa,
antes ya había visto el infierno. Faltaba
solamente, vivir el paraíso: pero no me gustó.
Jeison Villalba.
Sujeto a la estúpida cueva del muerto,
insultado los pobres, el bienestar del prójimo
entre los ebrios ramales del vino.
Aquí vinieron a parar los desventurados,
los frailes títeres con sus rostros
entre la nuca del fuego, acribillados
hasta los huesos por no beber el jugo pálido.
Tinteros de gota ciega, subiendo
por las carnicerías, emanando pan naufragante;
en la calle el duelo, en la casa el hambre
¿dónde están los vestidos de santos?
Este es el hogar de los discapacitados,
la antesala siniestra de aquellos verdugos
que han comido del banquete divino:
A mí no me gustó, lo vomité, le tracé
pequeñas corrientes de orina, saliva infernal
en la ápice de la cereza de oro; postre
de oraciones excelsas, ¡qué desperdicio!
Allí había diamantes congelados, líquido
de pulpa de pera, alimentos bendecidos por Dios.
Me llegó a la cabeza el rostro del papa
y todo su concilio ecuménico para Vaticano II.
Me llegó la ira a los ojos, la palabra a la boca
aunque estaba condenado a hacer el bien:
Me llegó el vómito y la oración que no conocía.
Vosotros que estáis aquí: ¡Mirad lo que ha pasado!
Mirad mi brazo roto, enfurecido hasta el océano
por no haber sujetado la copa olímpica; migraña
de todos los malhechores que ensalzan el miedo.
He llegado aquí, pero estoy feliz:
Amargado, furioso, pero feliz al fin y al cabo.
Sintiendo en mi cuello la cola del diablo,
las cenizas de mi suspiro: pero feliz al fin y al cabo.
No me importa: Soy rebelde. No me importa,
antes ya había visto el infierno. Faltaba
solamente, vivir el paraíso: pero no me gustó.
Jeison Villalba.
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