Mi Madre

eenciso

Poeta fiel al portal
Mamá se hizo adulta,
niña todavía,
se encargó de sí, porque la encargaron,
lustró sus ansias de jugar
en las sedas harapientas
y la partida fatal del abuelo,
quién hacia del padre que jamás vio.

Su infancia acabó
en el trato adulto,
donde ella limpiaba la casa ajena,
y a cambio, podía comer y vestir;
así se demoró hasta jovencita,
y nadie la culpó
si encontró a Papá
y se quedó con él;

sus hijos somos
todo el amor
que no drenó en el pasado
y rompía en su pecho,

somos, su libertad…
que de cuando en cuando,
paga mal, hasta que llore;

Ella siempre perdona…
y sólo dice bajito,​
“¿Porqué seré una llorona?”
 
Como me asimilo a tu mamá amigo, siempre preguntandome ¿por qué soy una llorona?. Pero casi que tengo la respuesta: - Cuando lloro elimino penas sin que nadie tenga compasión de mi.
Precioso tu poema.
Un placer pasar por tus letras
Saludo Salmantino
 
Una historia muy dura que muchas niñas viven
pero la bendición de un hijo hace más suave su vida
aunque a veces como dices les sacamos lágrimas
y esas lágrimas si que duelen queman cuando las acariciamos
y las palpamos entre nuestras conciencias.
Hermosísimo poema con un final enternecedor
así son ellas, aunque no sea su culpa siempre perdonan.
Por eso son madres, ángeles que Dios puso sobre la tierra
para cuidarnos y llevarnos por el buen camino.
Qué honor haber encontrado estos maravillosos versos
llenos de reflexiones en su dolor y sabor amargo de la vida
con tragos dulces que valen oro.
Saludos cordiales y mis felicitaciones por tu quehacer poético
por ese sentimiento que despertaste en mí al leerte.
Tu poema trasmite esa emoción que todo lector busca en sus lecturas.
Un abrazote en la distancia.
Ligia

PD. Gracias por haber estado entre mis letras y permitirme conocerte.
 
Mamá se hizo adulta,​

niña todavía,
se encargó de sí, porque la encargaron,
lustró sus ansias de jugar
en las sedas harapientas
y la partida fatal del abuelo,
quién hacia del padre que jamás vio.


Su infancia acabó
en el trato adulto,
donde ella limpiaba la casa ajena,
y a cambio, podía comer y vestir;


así se demoró hasta jovencita,
y nadie la culpó
si encontró a Papá
y se quedó con él;


sus hijos somos
todo el amor
que no drenó en el pasado
y rompía en su pecho,


somos, su libertad…
que de cuando en cuando,
paga mal, hasta que llore;


Ella siempre perdona…
y sólo dice bajito,

“¿Porqué seré una llorona?”



un placer leer tu poema,eencso besos
 

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