Tamar
Poeta adicto al portal
Creo en la guitarra de los Beatles,
en los cuerpos difuminados con tiza,
en la oscuridad de una sonrisa,
en no tener que despedirme.
Creo en la vida de las gitanas,
en los viajes melancólicos,
en esparcir melancolías por el mapa
coleccionando amores vaporosos.
Vivir en telas de colores,
con tu beso en mi mejilla,
vivir eternas ilusiones
retorciendo ya la vista.
Creo en mis cuadernos tachados,
en las fechas que mi recuerdo ha olvidado,
y en las otras que yacen en las cortinas.
Creo en todos mis no-cumpleaños
girando alrededor del diez de agosto.
Creo tan ciegamente en mi pasado,
que el futuro es mi peor interrogante,
y el presente una canción obsesionante.
Creo en mi almohada,
en los juegos de palabras,
en mi madre y en mis hermanas.
Creo en la soledad,
en la magia de un baile,
en la ruinas sin edad.
Creo en la voz del viento,
que siempre es un poco ronca,
que empuja de otra vida los recuerdos,
y entre ellos siempre me trae a tu boca.
Creo en las hojas de los árboles,
esas que en mi mirada no se caen,
creo en la desnudez de una caricia,
y creo ver tu nombre en estas líneas.
en los cuerpos difuminados con tiza,
en la oscuridad de una sonrisa,
en no tener que despedirme.
Creo en la vida de las gitanas,
en los viajes melancólicos,
en esparcir melancolías por el mapa
coleccionando amores vaporosos.
Vivir en telas de colores,
con tu beso en mi mejilla,
vivir eternas ilusiones
retorciendo ya la vista.
Creo en mis cuadernos tachados,
en las fechas que mi recuerdo ha olvidado,
y en las otras que yacen en las cortinas.
Creo en todos mis no-cumpleaños
girando alrededor del diez de agosto.
Creo tan ciegamente en mi pasado,
que el futuro es mi peor interrogante,
y el presente una canción obsesionante.
Creo en mi almohada,
en los juegos de palabras,
en mi madre y en mis hermanas.
Creo en la soledad,
en la magia de un baile,
en la ruinas sin edad.
Creo en la voz del viento,
que siempre es un poco ronca,
que empuja de otra vida los recuerdos,
y entre ellos siempre me trae a tu boca.
Creo en las hojas de los árboles,
esas que en mi mirada no se caen,
creo en la desnudez de una caricia,
y creo ver tu nombre en estas líneas.
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