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Tu boca se posó insolente, sobre mi osadía. Y mi frente descansó indecente sobre la ternuras de tu ardiente hombría. Mas los versos, que emigraron al llegar el día, dieron paso a la melancolía que quedó grabada en mi piel, a fuego y dejó en mi ser el sabor amargo de la despedida.
Amargan siempre las despedidas, siempre dejan tristezas, pero hay que saber encauzarlas, no podemos morir en el intento, nuevas alegrías llegaran a tu vida. Amiga es cuestión de abrir puertas y ventanas, todo se regenera, hasta las tristezas. Estrellas y abrazos.
Tu boca se posó insolente, sobre mi osadía. Y mi frente descansó indecente sobre la ternuras de tu ardiente hombría. Mas los versos, que emigraron al llegar el día, dieron paso a la melancolía que quedó grabada en mi piel, a fuego y dejó en mi ser el sabor amargo de la despedida.