Jeison
Poeta fiel al portal
Sucede que de pronto caes en el amor
y entonces, todo cambia:
la casa ahora es verde en vez de azul,
los muebles ya no son plateados
ni tienen las pequeñas rendijas de amapolas
en las que tantas veces descansaron
los sueños de insomnio y de relojes.
Sucede que se va perdiendo el cuerpo,
poro a poro, cadena a cadena,
en tristes migraciones de pájaros sin vuelo
y tal vez en palabras que no fueron
echarle en cara lo pendejo que era
destilar en la sangre la constancia
por las que se hicieron las voces,
en la cual el capricho toma el sueño
Nos faltó pantalones para ver
en la desdicha el rostro de esqueleto
en donde se aguardaban en los ovarios
de aquella princesa sin rostro
que tantas veces dio de comernos hambre.
Habría que cambiar, de alguna forma
dándole el nombre que le identifica:
y entonces, todo cambia:
la casa ahora es verde en vez de azul,
los muebles ya no son plateados
ni tienen las pequeñas rendijas de amapolas
en las que tantas veces descansaron
los sueños de insomnio y de relojes.
Sucede que se va perdiendo el cuerpo,
poro a poro, cadena a cadena,
en tristes migraciones de pájaros sin vuelo
y tal vez en palabras que no fueron
y puede, no serán.
Porque nos faltó astucia para encontrar su engaño,
echarle en cara lo pendejo que era
destilar en la sangre la constancia
por las que se hicieron las voces,
y mira que no creo en el amor,
en su absurda palabra de esperanza y consuelo
en la cual el capricho toma el sueño
por medio del latido
y clama esperanzado un tercio del sereno.
Nos faltó pantalones para ver
en la desdicha el rostro de esqueleto
en donde se aguardaban en los ovarios
de aquella princesa sin rostro
que tantas veces dio de comernos hambre.
Habría que cambiar, de alguna forma
esa tosca palabra
y llenarla en pequeñas porciones de alfileres,
dándole el nombre que le identifica:
desamor.
Sucede que de pronto caes sin conocer
el nombre o apellido.
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