Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
RESURRECCIONES
Se levantan y son las escenas
donde el castigo surte efecto en las espaldas.
Desde hace tiempo han crecido los dolores
y se han encomiado sin remedio pedestres pesadillas.
Quien grita después del adiós conoce el ritmo
de lo que está vagamente ardiendo en la mirada.
Quien clama tal vez sea escuchado por la dicha
y logre por fin revelar el misterio de los nombres.
Es el cuerpo y sus abismos desmembrados
lo que agita la vida y nada lo detiene;
es la cueva y su morada derrotada,
perdiciones que fraguan
mendicantes humores en la verja.
Tardíamente abonamos cinismos
a ese baúl que arracima los temores
pero nadie allí agrava los espejos;
siempre el acto monda sus dientes en la piel
y termina con un suspiro de reojo,
tira trozos en los rostros de salivas inmorales.
Se levantan y son los modos hieráticos
que asume la costilla en duermevela,
tal vez la paz visite los antros
donde el alma se eleva y ofrenda vino en sus altares.
Un látigo amenaza cielos imprevistos,
visos de carne virgen, aun trémula;
entresijos de huesos penden ahora de los árboles.
Se levantan y son las escenas
donde el castigo surte efecto en las espaldas.
Desde hace tiempo han crecido los dolores
y se han encomiado sin remedio pedestres pesadillas.
Quien grita después del adiós conoce el ritmo
de lo que está vagamente ardiendo en la mirada.
Quien clama tal vez sea escuchado por la dicha
y logre por fin revelar el misterio de los nombres.
Es el cuerpo y sus abismos desmembrados
lo que agita la vida y nada lo detiene;
es la cueva y su morada derrotada,
perdiciones que fraguan
mendicantes humores en la verja.
Tardíamente abonamos cinismos
a ese baúl que arracima los temores
pero nadie allí agrava los espejos;
siempre el acto monda sus dientes en la piel
y termina con un suspiro de reojo,
tira trozos en los rostros de salivas inmorales.
Se levantan y son los modos hieráticos
que asume la costilla en duermevela,
tal vez la paz visite los antros
donde el alma se eleva y ofrenda vino en sus altares.
Un látigo amenaza cielos imprevistos,
visos de carne virgen, aun trémula;
entresijos de huesos penden ahora de los árboles.
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