Jeison
Poeta fiel al portal
Bajo el río celeste se oculta el hielo náufrago
bloqueando los tejidos de piel cristalizada.
Desde allí aparecieron en cojines de plata
desgarradoras fiebres para el cuerpo de cobre,
silencio abrumador entre pieles de aguja,
caminos inquietantes de fósforo y palomas
en donde se enlazaban estrellatos de aceite
con sabores gestantes a edredones de polvo.
Lugar de fresca sed, movimiento nocturno
para ofrendas sagradas en la iglesia de perlas;
¡ay! Mirad el reguero que han dejado los sueños,
gusanos en alambres de música ancestral
removiendo los gestos de furia amedrentada
por las calles coquetas, sin saliva, fundidas
en argollas de piedra y de tiza rosada.
Mi locura me grita en salones famosos,
pidiéndome le firme su cuello de azúcar
o su pequeña mano de seda universal.
Mi locura se expone en cuadros y poesías,
en ciegas expresiones de arte o modelaje.
Yo no sé, yo no entiendo lo que ella me pide,
-qué quieres tú- medusa oscura y descrestante,
-qué quieres tú- ven, dímelo, aquí secretamente,
en mi oído ojeroso de llagas y claveles.
Dímelo a mí, tal vez así pueda ayudarte
a encontrar tu camino de peras amarillas
para que sacies, neutro, tu estómago de abeja.
Ven, dímelo, princesa de labios cenicientos.
Ven, dímelo, capricho de fuego congelante.
bloqueando los tejidos de piel cristalizada.
Desde allí aparecieron en cojines de plata
desgarradoras fiebres para el cuerpo de cobre,
silencio abrumador entre pieles de aguja,
caminos inquietantes de fósforo y palomas
en donde se enlazaban estrellatos de aceite
con sabores gestantes a edredones de polvo.
Lugar de fresca sed, movimiento nocturno
para ofrendas sagradas en la iglesia de perlas;
¡ay! Mirad el reguero que han dejado los sueños,
gusanos en alambres de música ancestral
removiendo los gestos de furia amedrentada
por las calles coquetas, sin saliva, fundidas
en argollas de piedra y de tiza rosada.
Mi locura me grita en salones famosos,
pidiéndome le firme su cuello de azúcar
o su pequeña mano de seda universal.
Mi locura se expone en cuadros y poesías,
en ciegas expresiones de arte o modelaje.
Yo no sé, yo no entiendo lo que ella me pide,
-qué quieres tú- medusa oscura y descrestante,
-qué quieres tú- ven, dímelo, aquí secretamente,
en mi oído ojeroso de llagas y claveles.
Dímelo a mí, tal vez así pueda ayudarte
a encontrar tu camino de peras amarillas
para que sacies, neutro, tu estómago de abeja.
Ven, dímelo, princesa de labios cenicientos.
Ven, dímelo, capricho de fuego congelante.
Última edición:
::. Yo no sé si sea en verdad "hermoso" o ligeramente bueno, pero allí en esas palabras va parte de mi vida. GRACIAS.