Os dejo la carta que le escribí y no tuve valor a mandar al que siento sigue siendo el amor de vida, aunque nunca me atreví a confesarlo. Cómo no acordarse de él el día de su cumpleaños. Allá donde esté, de todo corazón...
Alguien como tú
-Quiero ser escritora-, y él se dio la vuelta y me susurró al oído,<<pero, ¿qué dices,nena?>>. No parecía importarle, ni siquiera estoy segura de que hubiera oído lo que dije. Eran días de verano, pero el agua no dejaba de caer y yo acababa de perder el último bus en Domplatz que me llevaba a casa. No quise repetirlo, al fin y al cabo, era cuestión de dos semanas para regresar a casa. Además tampoco creía poder explicarle aquella sentencia en nuestra lingua franca.
-Sube te llevo hasta la parada de taxis-. Nos bajamos de la bici y, mientras miraba mis zapatitos de cristal, arañó unas palabras.-Kocham Cie. Du wirst immer die Einzige sein-. En ese preciso instante supe que todo había acabado.
Pasaron tres estaciones, y cuatro. Pasaron hasta ocho estaciones y cuando llegó el otoño- ay, otoñito mío-te encontré en unas escaleras mientras esperaba una llamada. Allí estabas tú, sentadito, con aquellos ojos inquietos y esa verborrea cautivadora. Aquella noche también llovía y empapados de euforia dejamos gatear las horas. Nos despertamos a la mañana siguiente en aquella escalera con el sonido de un teléfono y mientras me incorporaba para cogerlo te miré los pies. Estabas descalzo. Y yo también.
-Hi!What are you up to?I am back from Paris-. Había esperado su llamada toda la noche. Después de dos años mi amigo el señor destino o aquella casualidad o la esperanza que vivía dentro mí me apretaba el pecho y me susurraba en el estómago <<Es él>>. Volví a encontrarme con aquel chico en Buzz Bar. Nunca olvidaré el nombre de aquel antro. Estaba lleno de tipos que se dedicaban a la compraventa de oro y demás. Tras un fin de semana inolvidable y un par de citas fortuitas todo cambió. Un día de sol una bruja me hechizó. Alguien me dijo una vez que la vida es un libro. Tú escribes tus capítulos y las decisiones que tomas van marcando el ritmo de tu trama. Yo creo en circunstancias que, en ocasiones, te dan un empujoncito y, otras veces, te obligan a tomar decisiones.
En cuestión de seis horas esa hechicera quiso que perdiera su número de teléfono, una tarjeta de crédito, un reloj, unos pendientes, etc. O al menos así lo recuerdo. Y empapada en lágrimas apareciste tú, piesdescalzos.
Descubrir la magia de aquel ser humano es francamente fácil y expresarla absurdamente imposible. Y una noche de otoño me sacaste a bailar. Y me miré los zapatos- ay, zapatitos de cristal-. Todo el mundo nos miraba, ¿te acuerdas?. Eso a ti te encantaba. Doble tirabuzón, pasos que se alargaban y se acortaban. Personajes que se apartaban para admirar esa magia. Una pista rendida a nuestros pies.
¡Echo de menos tantas cosas tuyas!Pero sobre todo extraño aquellas mañanas en la que corría a despertarte con la voz rasgada, tus protestas cínicas cuando cantaba, las tardes de invierno en tu 209 cargadas de ese olor a Earl Grey. En aquel microclima de ensueño todavía puedo escuchar tus risas por debajo de mi puerta. Echo de menos la burbuja que te cubría.
Y sí, el último día te confesé que quería escribir un libro, o al menos así lo recuerdo. Y tú me dijiste,-YA LO ESTÁS HACIENDO.
Al ritmo de Buttercup, te deseo un muy feliz cumpleaños. (Tranquilo, no diré tu edad;-))
Te adoro, tiger. Nos vemos muy pronto. Muy pronto
Big Fat Lizard
Alguien como tú
-Quiero ser escritora-, y él se dio la vuelta y me susurró al oído,<<pero, ¿qué dices,nena?>>. No parecía importarle, ni siquiera estoy segura de que hubiera oído lo que dije. Eran días de verano, pero el agua no dejaba de caer y yo acababa de perder el último bus en Domplatz que me llevaba a casa. No quise repetirlo, al fin y al cabo, era cuestión de dos semanas para regresar a casa. Además tampoco creía poder explicarle aquella sentencia en nuestra lingua franca.
-Sube te llevo hasta la parada de taxis-. Nos bajamos de la bici y, mientras miraba mis zapatitos de cristal, arañó unas palabras.-Kocham Cie. Du wirst immer die Einzige sein-. En ese preciso instante supe que todo había acabado.
Pasaron tres estaciones, y cuatro. Pasaron hasta ocho estaciones y cuando llegó el otoño- ay, otoñito mío-te encontré en unas escaleras mientras esperaba una llamada. Allí estabas tú, sentadito, con aquellos ojos inquietos y esa verborrea cautivadora. Aquella noche también llovía y empapados de euforia dejamos gatear las horas. Nos despertamos a la mañana siguiente en aquella escalera con el sonido de un teléfono y mientras me incorporaba para cogerlo te miré los pies. Estabas descalzo. Y yo también.
-Hi!What are you up to?I am back from Paris-. Había esperado su llamada toda la noche. Después de dos años mi amigo el señor destino o aquella casualidad o la esperanza que vivía dentro mí me apretaba el pecho y me susurraba en el estómago <<Es él>>. Volví a encontrarme con aquel chico en Buzz Bar. Nunca olvidaré el nombre de aquel antro. Estaba lleno de tipos que se dedicaban a la compraventa de oro y demás. Tras un fin de semana inolvidable y un par de citas fortuitas todo cambió. Un día de sol una bruja me hechizó. Alguien me dijo una vez que la vida es un libro. Tú escribes tus capítulos y las decisiones que tomas van marcando el ritmo de tu trama. Yo creo en circunstancias que, en ocasiones, te dan un empujoncito y, otras veces, te obligan a tomar decisiones.
En cuestión de seis horas esa hechicera quiso que perdiera su número de teléfono, una tarjeta de crédito, un reloj, unos pendientes, etc. O al menos así lo recuerdo. Y empapada en lágrimas apareciste tú, piesdescalzos.
Descubrir la magia de aquel ser humano es francamente fácil y expresarla absurdamente imposible. Y una noche de otoño me sacaste a bailar. Y me miré los zapatos- ay, zapatitos de cristal-. Todo el mundo nos miraba, ¿te acuerdas?. Eso a ti te encantaba. Doble tirabuzón, pasos que se alargaban y se acortaban. Personajes que se apartaban para admirar esa magia. Una pista rendida a nuestros pies.
¡Echo de menos tantas cosas tuyas!Pero sobre todo extraño aquellas mañanas en la que corría a despertarte con la voz rasgada, tus protestas cínicas cuando cantaba, las tardes de invierno en tu 209 cargadas de ese olor a Earl Grey. En aquel microclima de ensueño todavía puedo escuchar tus risas por debajo de mi puerta. Echo de menos la burbuja que te cubría.
Y sí, el último día te confesé que quería escribir un libro, o al menos así lo recuerdo. Y tú me dijiste,-YA LO ESTÁS HACIENDO.
Al ritmo de Buttercup, te deseo un muy feliz cumpleaños. (Tranquilo, no diré tu edad;-))
Te adoro, tiger. Nos vemos muy pronto. Muy pronto
Big Fat Lizard
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