Vevero
Poeta reconocida en el portal
En umbrales de desesperanza urdo
mi locura taxativa y ordinaria
y el cinismo de haberme transformado
en un cíclico ademán de mi mirada.
Intrigante, misteriosa y vapuleada
me dirijo hacia el cónclave siniestro
donde esperan unos parpados yertos
para, juntos, bebernos el infierno.
Sutil retroceso, el del tiempo;
ahora ya no esculpo mi manía.
Es un áspero aliento, al roce del viento,
el que tallo con mi doliente osadía.
Mis manos, en beatifica figura,
desgranan manantial de simetrías,
auscultando su idílica agonía
en romances de cabezas florecidas.
Duele ver las llagas de mis miembros,
abrirse paso entre la cal ardida;
mas valeroso es este fiel lamento
si la dicha en estos versos es concebida.
Del cáliz de la rosa pétrea y vana
brotan vértices de labios borravinos
que silbando alegremente su trino
harán del rosedal, mi destino.
mi locura taxativa y ordinaria
y el cinismo de haberme transformado
en un cíclico ademán de mi mirada.
Intrigante, misteriosa y vapuleada
me dirijo hacia el cónclave siniestro
donde esperan unos parpados yertos
para, juntos, bebernos el infierno.
Sutil retroceso, el del tiempo;
ahora ya no esculpo mi manía.
Es un áspero aliento, al roce del viento,
el que tallo con mi doliente osadía.
Mis manos, en beatifica figura,
desgranan manantial de simetrías,
auscultando su idílica agonía
en romances de cabezas florecidas.
Duele ver las llagas de mis miembros,
abrirse paso entre la cal ardida;
mas valeroso es este fiel lamento
si la dicha en estos versos es concebida.
Del cáliz de la rosa pétrea y vana
brotan vértices de labios borravinos
que silbando alegremente su trino
harán del rosedal, mi destino.
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