Sommbras
Poeta adicto al portal
EL MAR, LA MAR
Me envuelve me draga me agasaja una palabra de corto tamaño y fondo esplendoroso. Todo es producto de la magia del mar, escríbelo de nuevo, Chus, me digo, porque no se aprecia bien. La mar es sal, sed y plenitud de lo mismo para la primera mirada, pero también es roca sólida donde podemos asentarnos en lo que sentimos. En las noches de luna niña, yo lo miro y extiendo las dos manos para beberlo, porque en esos momentos siento en la madrépora de mis pensamientos, que en la gruta de la vida tal vez todo, Todo, pueda ser cierto
Escríbelo, Chus, la mar, exclamación de los antipoetas, es el gran tema.
La mar,
el mar,
esponja sentimental
allá donde parpadea el tiempo,
campo vestido de señales azoradas,
fondo de fuego, playa ahogada,
allá donde luz y sonido se asfixian,
allá donde el muelle hiende el cielo,
oí el mar.
Mar abotonado de islas,
labriego del cosmos,
torso de músculos y axilas con algas,
el verde pastoso como ley,
el poeta rompiendo amarras cuando el mar entra en la estufa de la noche mientras el Dios mayor le siembra estrellas a voleo,
todos los cisnes de la luna arrojando misterios en oleadas,
el corazón de las mareas danzando en su pata única,
la grandeza de sus anillos ni cuadrante ni brújula imaginan,
un mar que llora como niño sediento de miradas,
el mar abriendo sus pestañas y buscando a la madre Tierra con sus pequeñas manos temblorosas ávidas de metal,
olas iracundas despegándose de los labios destrizados,
un mar que llora porque el sol pretende secarlo,
siglos elaborando una protesta interminable,
esa ola que se encoleriza mejor que la otra,
esas sábanas en que envuelve los cometas perla,
el mar, flor hermafrodita debajo de las campanas de los barcos,
la mar, esa estrella que repta por la Tierra,
el mar, alguacil del espacio,
la mar,
lo etcétera del amor,
la mar es el gran tema que el mar me prometió.
Tose el mar.
Milagro de paisaje movido.
Ruido de espuma noria,
agua con zambullido de sapo.
Zurzo mis olas, grita la mar
cosiendo sus brazos en cruz.
Mar, con su capote de novia,
en las enaguas de tus olas,
te lanzo un hola
a los recreos del viento
y aterrizan tus gaviotas.
Mar, gato que araña,
prudencia de vigilia,
cortina rocosa,
rumor de dura acuarela,
carne de agua.
Mar, montañas paralelas,
ajedrez desértico,
claridad de telaraña,
esposo de la Tierra Pura.
Una gota de carmín,
hierve en mi barca,
razón de nubes de mármol,
aparejo tenaz,
levita la ola,
como natas equilibristas,
brincan equidistantes
olas de ansiedades exquisitas,
y mientras el silencio observa
las climatéricas elipses
la mar muerde mi vida
y con aroma seca su lluvia.
Ola, onda,
lápiz de filo veloz,
siéntela, más lejos,
más allá de sus pellejos
emanando realidades.
mientras la luna le arroja su leche.
Olas desnudas que me cortejan,
desde la sala del recuerdo,
olas, áspera agua,
eyaculáis en mar empapado,
hacerme creer que soy,
salid de vuestras venas.
Ola; ola; ola de píldoras marea.
Eructos del mar.
Guitarra del cielo sucio
-traicionera a su manera.
Olas, arrugas del cielo, saltad,
nubes, sombras de corolas carnosas, huid,
olas panteras, dejad deslizar la dulzura,
olas hercúleas, cosquillas para el cielo
hurgando tesoros en los tejados de la noche,
olas suaaaves,
como la mejilla de una mujer dormida.
Olas, madre de todas las curvas,
olas, ásperos labios del agua,
golpes en el monasterio de sal,
néctar de un principio,
pulsar de un fin,
ladran los animales del mar,
y los perros con ovas flautas
forjan sombras sobre los pelos.
¡Olas, raíz de su ardor,
pelos del mar! ¡Jazmines!
¡Sudor de cien mil elefantes!
todas las lunas se reúnen
en torno al mar de los violines.
Olas, torres de Pisa,
arruinadas, descalzas de luz,
bebiendo rocío sobre el herbaje,
todo se mezcla bajo tus lienzos,
la tristeza navega por la red perdida,
siete metros herida anda sin velas,
mientras tú niegas tus peces.
Hola olas, orfandades,
sandalias del cielo,
pechos del mar,
lavanderas de culpas,
usadoras de pompas de jabón
que ascienden bailando sin canciones
mientras góticas caracolas se retuercen al solfeo.
Hola mar,
agua en crecimiento,
caes ardiendo sobre mis ojos,
estás flotando sobre mí,
erizando mi fiebre de despertar.
Tienes las uñas llenas de sargazos,
mientras las gaviotas,
por tu pelo,
en carrera se eclipsan para sostenerse.
-Corre, ola, correeee, zarpa,
pero deja a los nenúfares brotar
porque no ofreces ningún ancla
para que puedan encallar
las mil familias de las ánades.
Mar de padrenuestro humectado,
hasta la ultima espuma
lavas el evangelio
con el Cristo hundido en tus zapatos.
Enjabonado de gaviotas te contemplo,
Sonido de mi ventana,
agua regada para mi aseo pareces,
con tu rosario de burbujas me escoltas
y albacea y cura y ateo y pulpa y zumo
y fuego
y como argonauta,
por un trémulo contacto de la espuma
que amasé,
voy navegando hacia ti en una ola,
te oleo y te digo:
-Sigue bautizando todos mis tiempos,
cálzate la a para a-mar y déjame preguntarte:
¿A qué distancia
la a se abrazó contigo?
¿En qué mapas aéreos,
cuáles huellas dactilares?
¿En qué viento nupcial,
en qué tálamos del agua
en qué leche, de qué estrella,
elaboras las preseas del amor?
¿Deberá el agüita-pistilo de un beso
ser extirpada para no-morir?
-Ni me respondes, tienes la redondez del silencio.
-Yo te respondo:
-Siempre, nunca, porque eres la vida.
...
He terminado de cantar la silaba pastosa del mar y ya muero feliz al verle. Mar, aunque seas decididamente triangular, no te escondas porque te veo por todas partes. Llevo ebrio tu nombre como un amor líquido sobre ásperos labios. Ahora llueve, tú te duchas, no muero, y no será posible pasear sobre tus aguas, no será posible sentarme en cualquiera de tus árboles de sed; te escucho hablarme desde este sonido de tambor por la lluvia que golpea y golpea en piedras de narices aguileñas y en los pedruscos de ojos verdes que por la costa te crecen; hay una pena escondida en la lluvia mientras nubes de arroz te hierven en el cielo dispuestas para volar; tú te cambias constantemente de sombrero y ahora tienes el horizonte abierto de par en par hacia la tormenta; tu garganta está afónica de tanto tarareo, y tus manos que dividen, tus manos que ahorcan, manos árbol, manos lobo, pintoras, de semen, ciegas, tus manos que arden, tus manos llenas de rayos y secretos, rotas están de tanto glorificar y de borrar los nombres de nadie.
-Me levanto temprano, maldita oscuridad.
El jarrón del cielo está sediento de luz; la luna, bombillita de flor parece.
-Mar, en algún lugar de mi oscuridad apareces como puerta entreabierta.
-Ay, mar, parece que entras con blancos copos de nubes en el pelo, rojo de orín y amarillo en tus garras, justo debajo de la señal sin camino que me asusta.
-Mar, nunca serás consciente de que tu resultado oloroso te delata.
El mar, y mi ventana que mira la mar y la arena, como dos labios.
-¿Estás ya en mi cama, confuso mar mío?
...
El mar ya no grita, sin embargo su grito me despertó.
Esa foto del mar, clavada a la pared con chinchetas, no es el mar.
A la derecha de la roca se va la gaviota volando, pero no es el mar.
No quiero cambiar de planeta. Es sólo tinta.
Tinta que me retrasa gota a gota, tinta que utilizo para manchar las estrellas en verde.
Sin mí, el mar ni sería verbo ni palabra.
Aggg
.
El del grito soy yo.
Fue una ola que cayó sobre mi verso y lo asesinó.
..
.
Chus Soriano
.
Me envuelve me draga me agasaja una palabra de corto tamaño y fondo esplendoroso. Todo es producto de la magia del mar, escríbelo de nuevo, Chus, me digo, porque no se aprecia bien. La mar es sal, sed y plenitud de lo mismo para la primera mirada, pero también es roca sólida donde podemos asentarnos en lo que sentimos. En las noches de luna niña, yo lo miro y extiendo las dos manos para beberlo, porque en esos momentos siento en la madrépora de mis pensamientos, que en la gruta de la vida tal vez todo, Todo, pueda ser cierto
Escríbelo, Chus, la mar, exclamación de los antipoetas, es el gran tema.
La mar,
el mar,
esponja sentimental
allá donde parpadea el tiempo,
campo vestido de señales azoradas,
fondo de fuego, playa ahogada,
allá donde luz y sonido se asfixian,
allá donde el muelle hiende el cielo,
oí el mar.
Mar abotonado de islas,
labriego del cosmos,
torso de músculos y axilas con algas,
el verde pastoso como ley,
el poeta rompiendo amarras cuando el mar entra en la estufa de la noche mientras el Dios mayor le siembra estrellas a voleo,
todos los cisnes de la luna arrojando misterios en oleadas,
el corazón de las mareas danzando en su pata única,
la grandeza de sus anillos ni cuadrante ni brújula imaginan,
un mar que llora como niño sediento de miradas,
el mar abriendo sus pestañas y buscando a la madre Tierra con sus pequeñas manos temblorosas ávidas de metal,
olas iracundas despegándose de los labios destrizados,
un mar que llora porque el sol pretende secarlo,
siglos elaborando una protesta interminable,
esa ola que se encoleriza mejor que la otra,
esas sábanas en que envuelve los cometas perla,
el mar, flor hermafrodita debajo de las campanas de los barcos,
la mar, esa estrella que repta por la Tierra,
el mar, alguacil del espacio,
la mar,
lo etcétera del amor,
la mar es el gran tema que el mar me prometió.
Tose el mar.
Milagro de paisaje movido.
Ruido de espuma noria,
agua con zambullido de sapo.
Zurzo mis olas, grita la mar
cosiendo sus brazos en cruz.
Mar, con su capote de novia,
en las enaguas de tus olas,
te lanzo un hola
a los recreos del viento
y aterrizan tus gaviotas.
Mar, gato que araña,
prudencia de vigilia,
cortina rocosa,
rumor de dura acuarela,
carne de agua.
Mar, montañas paralelas,
ajedrez desértico,
claridad de telaraña,
esposo de la Tierra Pura.
Una gota de carmín,
hierve en mi barca,
razón de nubes de mármol,
aparejo tenaz,
levita la ola,
como natas equilibristas,
brincan equidistantes
olas de ansiedades exquisitas,
y mientras el silencio observa
las climatéricas elipses
la mar muerde mi vida
y con aroma seca su lluvia.
Ola, onda,
lápiz de filo veloz,
siéntela, más lejos,
más allá de sus pellejos
emanando realidades.
mientras la luna le arroja su leche.
Olas desnudas que me cortejan,
desde la sala del recuerdo,
olas, áspera agua,
eyaculáis en mar empapado,
hacerme creer que soy,
salid de vuestras venas.
Ola; ola; ola de píldoras marea.
Eructos del mar.
Guitarra del cielo sucio
-traicionera a su manera.
Olas, arrugas del cielo, saltad,
nubes, sombras de corolas carnosas, huid,
olas panteras, dejad deslizar la dulzura,
olas hercúleas, cosquillas para el cielo
hurgando tesoros en los tejados de la noche,
olas suaaaves,
como la mejilla de una mujer dormida.
Olas, madre de todas las curvas,
olas, ásperos labios del agua,
golpes en el monasterio de sal,
néctar de un principio,
pulsar de un fin,
ladran los animales del mar,
y los perros con ovas flautas
forjan sombras sobre los pelos.
¡Olas, raíz de su ardor,
pelos del mar! ¡Jazmines!
¡Sudor de cien mil elefantes!
todas las lunas se reúnen
en torno al mar de los violines.
Olas, torres de Pisa,
arruinadas, descalzas de luz,
bebiendo rocío sobre el herbaje,
todo se mezcla bajo tus lienzos,
la tristeza navega por la red perdida,
siete metros herida anda sin velas,
mientras tú niegas tus peces.
Hola olas, orfandades,
sandalias del cielo,
pechos del mar,
lavanderas de culpas,
usadoras de pompas de jabón
que ascienden bailando sin canciones
mientras góticas caracolas se retuercen al solfeo.
Hola mar,
agua en crecimiento,
caes ardiendo sobre mis ojos,
estás flotando sobre mí,
erizando mi fiebre de despertar.
Tienes las uñas llenas de sargazos,
mientras las gaviotas,
por tu pelo,
en carrera se eclipsan para sostenerse.
-Corre, ola, correeee, zarpa,
pero deja a los nenúfares brotar
porque no ofreces ningún ancla
para que puedan encallar
las mil familias de las ánades.
Mar de padrenuestro humectado,
hasta la ultima espuma
lavas el evangelio
con el Cristo hundido en tus zapatos.
Enjabonado de gaviotas te contemplo,
Sonido de mi ventana,
agua regada para mi aseo pareces,
con tu rosario de burbujas me escoltas
y albacea y cura y ateo y pulpa y zumo
y fuego
y como argonauta,
por un trémulo contacto de la espuma
que amasé,
voy navegando hacia ti en una ola,
te oleo y te digo:
-Sigue bautizando todos mis tiempos,
cálzate la a para a-mar y déjame preguntarte:
¿A qué distancia
la a se abrazó contigo?
¿En qué mapas aéreos,
cuáles huellas dactilares?
¿En qué viento nupcial,
en qué tálamos del agua
en qué leche, de qué estrella,
elaboras las preseas del amor?
¿Deberá el agüita-pistilo de un beso
ser extirpada para no-morir?
-Ni me respondes, tienes la redondez del silencio.
-Yo te respondo:
-Siempre, nunca, porque eres la vida.
...
He terminado de cantar la silaba pastosa del mar y ya muero feliz al verle. Mar, aunque seas decididamente triangular, no te escondas porque te veo por todas partes. Llevo ebrio tu nombre como un amor líquido sobre ásperos labios. Ahora llueve, tú te duchas, no muero, y no será posible pasear sobre tus aguas, no será posible sentarme en cualquiera de tus árboles de sed; te escucho hablarme desde este sonido de tambor por la lluvia que golpea y golpea en piedras de narices aguileñas y en los pedruscos de ojos verdes que por la costa te crecen; hay una pena escondida en la lluvia mientras nubes de arroz te hierven en el cielo dispuestas para volar; tú te cambias constantemente de sombrero y ahora tienes el horizonte abierto de par en par hacia la tormenta; tu garganta está afónica de tanto tarareo, y tus manos que dividen, tus manos que ahorcan, manos árbol, manos lobo, pintoras, de semen, ciegas, tus manos que arden, tus manos llenas de rayos y secretos, rotas están de tanto glorificar y de borrar los nombres de nadie.
-Me levanto temprano, maldita oscuridad.
El jarrón del cielo está sediento de luz; la luna, bombillita de flor parece.
-Mar, en algún lugar de mi oscuridad apareces como puerta entreabierta.
-Ay, mar, parece que entras con blancos copos de nubes en el pelo, rojo de orín y amarillo en tus garras, justo debajo de la señal sin camino que me asusta.
-Mar, nunca serás consciente de que tu resultado oloroso te delata.
El mar, y mi ventana que mira la mar y la arena, como dos labios.
-¿Estás ya en mi cama, confuso mar mío?
...
El mar ya no grita, sin embargo su grito me despertó.
Esa foto del mar, clavada a la pared con chinchetas, no es el mar.
A la derecha de la roca se va la gaviota volando, pero no es el mar.
No quiero cambiar de planeta. Es sólo tinta.
Tinta que me retrasa gota a gota, tinta que utilizo para manchar las estrellas en verde.
Sin mí, el mar ni sería verbo ni palabra.
Aggg
.
El del grito soy yo.
Fue una ola que cayó sobre mi verso y lo asesinó.
..
.
Chus Soriano
.