Mi Diosa
Te recuerdo Isis
Como ayer en la rivera
en fina barca con un hombre en brazos
rezándole a María.
A veces cuando extraigo el pan
de mis alforjas, en ligeras tempestades
caigo en un remar tardío,
como el sol en el templo de tu exilio.
Se te puede ver de piel canela
desnuda, sobre una penca improvisada
disfrutando las dulzuras del amor
flotando en el universo de sal.
Te recuerdo Isis
en cada ensoñación decasílaba
en cada una de las odas vespertinas
que se funden sobre el pan de cinco días.
A veces puedes ser tan compulsiva
de lengua fina que me apunta
con mortal carga de besos
las mil hojas que le narran a mi vida.
Te recuerdo amor,
sin dudar de tus promesas
sin perder el entusiasmo por tus labios,
luego me recojo, y al cerrar mis ojos, te recuerdo
como si hoy naciera el culto
en una santurrona tarde
posando sobre mi la fertilidad
con olor a sueño.
Te recuerdo y vivo rebuscando,
los papiros,
y en su anverso, los sueños
bajo pajas hidratadas de rocío
que en un llanto justiciero llegan a mi
en un torrente ácido.
Te recuerdo Isis
con tus ojos que han dejado sombra
en los huertos tras mi casa
madurando las inmensas lúcumas
que caen frente a mi, en regalo divino,
como si fuera una rivera
que sintió mis pasos tras los tuyos.
Como ayer en la rivera
en fina barca con un hombre en brazos
rezándole a María.
A veces cuando extraigo el pan
de mis alforjas, en ligeras tempestades
caigo en un remar tardío,
como el sol en el templo de tu exilio.
Se te puede ver de piel canela
desnuda, sobre una penca improvisada
disfrutando las dulzuras del amor
flotando en el universo de sal.
Te recuerdo Isis
en cada ensoñación decasílaba
en cada una de las odas vespertinas
que se funden sobre el pan de cinco días.
A veces puedes ser tan compulsiva
de lengua fina que me apunta
con mortal carga de besos
las mil hojas que le narran a mi vida.
Te recuerdo amor,
sin dudar de tus promesas
sin perder el entusiasmo por tus labios,
luego me recojo, y al cerrar mis ojos, te recuerdo
como si hoy naciera el culto
en una santurrona tarde
posando sobre mi la fertilidad
con olor a sueño.
Te recuerdo y vivo rebuscando,
los papiros,
y en su anverso, los sueños
bajo pajas hidratadas de rocío
que en un llanto justiciero llegan a mi
en un torrente ácido.
Te recuerdo Isis
con tus ojos que han dejado sombra
en los huertos tras mi casa
madurando las inmensas lúcumas
que caen frente a mi, en regalo divino,
como si fuera una rivera
que sintió mis pasos tras los tuyos.